Hay un momento en la vida en que uno se cansa de buscar fuera.
Te das cuenta de que el ruido de los demás solo distrae, que las opiniones del mundo no te salvan… y que lo que de verdad necesitas no está en ningún lugar externo.
No necesitas que te den la razón, ni que te entiendan, ni que te acompañen.
Tampoco necesitas seguridades prestadas ni apoyos que se tambalean con el tiempo.
Lo que buscas —aunque no siempre lo sepas— es paz. Y esa paz no viene de tenerlo todo resuelto… viene de dentro.
La verdad no grita, no discute, no entra en debates.
La verdad, cuando es tuya, se siente.
Y cuando la sientes, no hay forma de que nadie te la arrebate, porque no está basada en creencias, sino en certezas profundas.
Puedes estar rodeado de dudas, pero si dentro hay claridad, el ruido no afecta.
Por eso, si algo te confunde, no te pierdas preguntando a todo el mundo.
Ve hacia dentro.
Calla el mundo, escucha tu alma… y espera.
La verdad no siempre llega rápido, pero cuando llega… todo encaja.
Entonces caminas en paz, sin necesidad de explicar, convencer ni defenderte.
Solo sigues tu camino.
Con la cabeza alta, el corazón en calma… y el alma en su sitio.
LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.
Katriel Quin.

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