¿Buscas seguridad o aventura?
La seguridad viene cuando nos arriesgamos en la aventura; de conocernos y aceptarnos tal y como somos, incluso a nuestros demonios. Por eso se dice que la felicidad está en la calma.
La calma, ese estado de serenidad y tranquilidad interna, es sin duda un motor poderoso para la felicidad en nuestras vidas. En un mundo lleno de distracciones, responsabilidades y exigencias constantes, encontrar momentos de calma se ha vuelto más valioso que nunca.
La calma nos permite desacelerar y conectarnos con nosotros mismos, dándonos la oportunidad de reflexionar, respirar profundamente y encontrar paz en medio del caos. Nos brinda la posibilidad de apreciar los pequeños detalles de la vida, de saborear cada instante y de disfrutar de la compañía de aquellos que amamos.
Sin embargo, a menudo perdemos la calma en nuestra búsqueda de la felicidad, especialmente en la adolescencia cuando estamos llenos de energía e impulsos. En nuestra inocencia y curiosidad, salimos corriendo en busca de una felicidad que creemos que se encuentra en algún lugar externo. Nos embarcamos en una carrera frenética, persiguiendo metas y logros, sin darnos cuenta de que la calma es la clave para disfrutar plenamente de cada experiencia.
En nuestras prisas, nos perdemos la oportunidad de saborear cada momento, de disfrutar del camino en lugar de enfocarnos solo en llegar a la meta. Perdemos la calma y, con ella, nos alejamos de la felicidad que tanto anhelamos.
Es importante recordar que la felicidad no se encuentra en un destino lejano, ni al lado de alguien, ni en ninguna cosa. La felicidad se esconde en el presente, en la capacidad de encontrar calma en medio del ajetreo diario. La calma nos permite apreciar la belleza que nos rodea, nos ayuda a tomar decisiones más conscientes y nos permite cultivar buenas relaciones con las demás personas.
En lugar de correr sin cesar en busca de la felicidad, es importante darnos permiso para detenernos, respirar y encontrar la calma dentro de nosotros mismos. Solo cuando conseguimos aquietar nuestra mente y aceptar el momento presente, podemos experimentar la verdadera felicidad.
En definitiva, la calma es un motor esencial para la felicidad en nuestras vidas. Nos brinda la claridad y la serenidad necesaria para disfrutar de cada experiencia y apreciar realmente lo que tenemos, perdemos la felicidad cuando, en nuestra juventud, nos precipitamos en busca de ella, pues en las prisas perdemos la calma y, con ella, todo lo demás.
La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.
Katriel Quin.

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