La cotidianidad y la convención social a menudo nos llevan a hacer la pregunta «¿Qué tal?» sin realmente reflexionar sobre su significado profundo. Se convierte en una mera formalidad, un gesto mecánico, en lugar de una genuina muestra de interés por el bienestar del otro.
La pregunta «¿Qué tal?» tiene el potencial de ser una poderosa herramienta para establecer conexiones auténticas con las personas que nos rodean. Sin embargo, a menudo nos limitamos a emitir respuestas superficiales como «bien» en lugar de compartir nuestros verdaderos sentimientos y pensamientos con los demás.
Una reflexión sobre este tema podría llevarnos a valorar la importancia de la sinceridad y la empatía en nuestras interacciones cotidianas. Al preguntar «¿Qué tal?», podríamos hacerlo con una intención genuina de conocer cómo se siente la otra persona y estar dispuestos a escuchar, de verdad, su respuesta. Esto nos ayudaría a crear vínculos más profundos y significativos con los demás, al alentar conversaciones más auténticas y un mayor entendimiento mutuo.
Por otro lado, si somos quienes responden a la pregunta, también podríamos esforzarnos por ser más honestos y abrirnos, compartiendo cómo nos sentimos realmente. Aunque puede ser difícil romper la barrera de lo convencional, ser sinceros con nosotros mismos y con los demás es fundamental para construir relaciones duraderas y enriquecedoras.
La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.
Katriel Quin.

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