A lo largo de mi vida, me percaté de cómo ciertos deseos y expectativas me hacían sentir dolor y sufrimiento. Comencé a reflexionar sobre aquello que había estado buscando y me di cuenta de que, en varios casos, las respuestas estaban dentro de mí mismo.
Descubrí que una gran parte de mi dolor surgía de mi deseo de ser aceptado. Fue entonces cuando decidí amarme y valorarme por lo que soy, sin buscar la aprobación de los demás. Luego me percaté de que también ansiaba el reconocimiento, lo cual me llevó a explorar mi verdadero yo y aceptar mis fortalezas y debilidades.
Al analizar mis sentimientos de querer ser especial, me permití aceptar lo extraordinario que era mi sentido de normalidad. También me di cuenta de cómo mi deseo de recibir afecto de los demás estaba relacionado con el dolor que sentía. Al enfocarme en mis propias sensaciones corporales y emociones, logré encontrar consuelo en mi propio ser.
Me enfrenté a un hambre de pertenencia y arraigo en mis relaciones personales. Al alimentar mi autenticidad y honrar mi verdadero yo, encontré un sentido de conexión conmigo mismo y con el mundo. Al mismo tiempo, me di cuenta de que muchos de mis dolores provenían de las acciones de otros. Entonces decidí asumir la responsabilidad de mi historia y de cómo me afectaban esas acciones.
Por último, al comprender que una parte de mi dolor surgía al buscar la atención y el afecto de aquellos que no me querían, decidí liberarme de esas expectativas y abrirme a una nueva vida llena de oportunidades, nuevos lugares y por supuesto conocer a nuevas personas,
En resumen, al reconocer las diferentes fuentes de mi dolor, pude emprender el camino hacia una vida más plena, consciente y amoroso. Al enfrentar y superar estos desafíos, descubrí la alegría y la satisfacción que provienen de la autoaceptación, autenticidad y el amor propio, así que ámate siempre!!!
La verdad con amor y el amor de verdad , Siempre.
Katriel Quin.







