En la vida, encontrarás personas que, sin importar lo que hagas, no conectarán contigo. Pero también existen aquellos que te valorarán y apreciarán de corazón.
Esas son las personas que importan.
Recuerda que no necesitas agradar a todos; está bien así. Habla con quienes realmente desean escucharte y se preocupan por ti.
No te sientas mal cuando percibas indiferencia, ni gastes tu energía tratando de averiguar los motivos. Quien quiera contarte algo te lo contará, y quien no lo quiera compartir, no lo hará nunca, aunque insistas.
Simplemente sigue tu camino; el amor o la amistad no se deben forzar, ya que lo que se fuerza se rompe. Seguramente, tu destino no está con ellos ni el de ellos contigo, pero siempre recuerda que habrá personas que sí te acompañarán y seguramente serán quienes menos esperas.
LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.
Katriel Quin.
💜♾️4U
Ámate siempre, sin miedos, sin culpas y sin dudas, porque eres la única persona que te acompañará el resto de tu vida.
Llevo varios días preguntándome ¿de qué se alimenta el ego? Me asusta de manera brutal lo que nos puede llegar a hacer este gran problema que nuestra mente. También me asusta tan solo pensar de dónde obtiene tanta fuerza, capaz de enfrentarse a nosotros mismos y a través de nosotros, con los demás sin piedad. Nos obliga a hablar mal frente a las personas que nos ofenden sin querer o queriendo y en muchas ocasiones, en contra de nuestra propia voluntad.
Es como un narcisista que habita en nuestra mente, con el que mantenemos interminables diálogos hasta que, agotados, nos rendimos a su insistencia. En esos momentos de debilidad, ¿qué hace el ego? Nos manipula, instiga el miedo, nos seduce para que asumamos el papel de víctima y nos envuelve en el velo de la culpa cuando nos sentimos juzgados, sea justa o no la crítica. Tomamos todo de manera personal, y así, perdemos oportunidades por permitir que este huésped no invitado viva en nuestros pensamientos.
Reflexionemos sobre de qué se nutre este descarado, porque es crucial no confundir el amor propio con el ego; son entidades distintas, y entender esta diferencia nos podría liberar.
El ego se alza como una semilla que a veces florece de maneras insospechadas. Es como el viento que susurra promesas al oído, pero no siempre nos lleva hacia donde el corazón verdaderamente desea ir. Al contemplarlo, observamos los elementos que nutren su crecimiento.
Primero está la ignorancia, que es como una densa niebla en un bosque al amanecer. Cuando el paisaje está cubierto, nos perdemos los senderos que conducen a la luz. La falta de conocimiento es esa bruma que nos impide ver con claridad, llevándonos por caminos que no son los más amables ni los más sabios.
Luego, encontramos nuestra apego por lo material, semejante a un árbol cargado de frutos que nunca sacian el espíritu. En la búsqueda de oro y posesiones, podemos olvidarnos de lo que realmente nutre el alma: la conexión, el amor, la simple belleza de una puesta de sol. Este anhelo por tener se convierte en una prisión, oscureciendo la verdad de lo que nos hace verdaderamente ricos.
El miedo también camina a nuestro lado, como la sombra de una montaña que obliga a las flores a cerrar sus pétalos antes de tiempo. Nos detiene en el borde de nuestro propio potencial, impidiéndonos florecer hacia el sol de nuestras posibilidades más luminosas. Enfrentarlo requiere el valor de la brava flor que desafía las tormentas.
Y está el egoísmo, una corriente subterránea en el río de nuestra convivencia. Cuando nos centramos solo en nuestro propio reflejo, olvidamos el sonido melodioso del agua compartida, perdemos el cauce de la vida en comunidad. Reconocer que formamos parte de algo mayor nos da la oportunidad de fluir juntos, enriqueciendo nuestras aguas comunes.
Si estos elementos permanecen sin reconocer, pueden opacar la claridad de nuestra visión interior. Pero si aprendemos a verlos como un jardinero cuida su tierra, con paciencia y amor, hacemos posible que nuestra conciencia crezca como un ciprés robusto y sereno, enraizado en lo profundo y alcanzando alturas iluminadas. En esta dia, recordemos siempre que somos uno con todas las criaturas, viviendo en el mismo mundo que respiramos.
Con el inicio de la escuela, abrimos una puerta a nuevas oportunidades y aprendizajes. Es el momento perfecto para sentarnos con nuestros hijos y sembrar en ellos la semilla de la empatía.
Explícales que en cada diferencia hay un reflejo de la belleza de la humanidad. Las burlas, aunque a veces puedan parecer solo un juego, pueden profundizar heridas en el corazón de un niño. Unos zapatos gastados y una mochila usada llevan consigo los mismos sueños y esperanzas que los nuevos.
Recuerda que cada sonrisa oculta una historia, y hay niños que no regresan a casa donde encuentran amor. Es fundamental que les enseñemos a ser la luz que ilumina el camino de otros, a ser amigos de quienes son diferentes y a no dejar que el miedo a lo desconocido dicte sus acciones.
La escuela debe ser un refugio, un lugar donde todos sientan que pertenecen. Invitemos a nuestros hijos a construir un espacio donde la bondad y el respeto florezcan. Porque en la sencillez de un acto amable se encuentra el poder de transformar vidas.
Así que este año, que nuestros niños lleven en sus corazones el mensaje de que cada ser humano merece ser visto, querido y aceptado. Todo comienza en casa, y juntos podemos crear un mundo donde el amor y la comprensión reinen por encima de la burla y la exclusión.
Que ningún niño o niña tenga que sufrir esto. Que nuestra experiencia sirva para entender que el problema siempre viene de la mano de la comunicación, el amor y la confianza. Todo comienza desde ahí, así que dile a tu hijo o hija que se ame más que nada en este mundo, que se ame tal como es, porque será la historia de amor más bonita de toda su vida.
Para mí, «tenerlo todo» significa alcanzar la habilidad de entender nuestro propósito en la vida, comprender la razón por la que estamos aquí. No hablo de religiones específicas, sino de una disposición general para aceptar que todo es posible.
Sin embargo, sin entrar en detalles no explorados, es curioso cómo la ciencia avanza a pasos agigantados en crear productos para ralentizar el envejecimiento, pero aún no entendemos cómo funciona el alma, cómo opera nuestro cerebro con lo espiritual, hasta dónde llegan nuestras creencias a limitarnos que poseemos un poder infinito para alcanzar cualquier cosa y con esto incluyo el poder de la autocuración o autosanación, o porque no nos cuentan el verdadero funcionamiento completo de la glándula pineal?
El Universo está lleno de misterios.
Hay tantas preguntas sobre la vida que en ocasiones podemos sentirnos abrumados por la información contradictoria, llevando a la conclusión de que quizás es mejor no saber nada, porque no existe una verdad absoluta.
Para cada uno de nosotros, «tenerlo todo» podría significar encontrar nuestro propósito vital. Mientras no logremos esto, la vida puede carecer de sentido. Lograr tal comprensión es un verdadero arte, una destreza que es difícil de explicar y de comprender completamente. Sin embargo, tengo claro que, si queremos descubrir quiénes somos realmente, recordar de dónde venimos y entender nuestra misión aquí, necesitamos despojarnos de las expectativas que la sociedad ha impuesto sobre nosotros.
A menudo vivimos aparentando en lugar de ser quienes realmente somos, debemos dejar de ser lo que los demás quieren que seamos y empezar a vivir auténticamente, aceptando nuestra verdadera esencia. Reconocer la luz que llevamos dentro y entender que somos una manifestación de luz y de esa fuente de creación, es crucial, para la evolución.
Esta es mi perspectiva, sobre lo que significa para mí «tenerlo todo», es una búsqueda constante de autenticidad interna y de conexión con la divinidad que reside en cada uno de nosotros. De recordar quiénes somos, de donde hemos venido y poder así reconocer el propósito que debemos cumplir cada uno de nosotros.
Esta transformación interna nos ayudará a entender mejor nuestra existencia y vivir con un propósito real. Con estos pensamientos en mente, enfoco cada día en explorar, aprender y crecer. Cada paso que doy hacia la comprensión personal también contribuye al bienestar de todos y a la elevación espiritual de la humanidad. No hay límite en este camino de autoconocimiento y unión con lo divino, y mi compromiso es seguir avanzando con determinación y humildad en este viaje de la vida.
Desde el primer día que nos encontramos, En el camino de la amistad nos hallamos, Eres mucho más que un amigo cualquiera, Eres mi hermano, mi compañero sincero.
Juntos hemos recorrido senderos desconocidos, Superando obstáculos, siempre unidos, Tu presencia en mi vida es un regalo divino, En ti encuentro apoyo, consuelo y abrigo.
Yo soy amigo de mi mejor amigo, En cada momento, de alegría o de castigo, Tu amistad es un tesoro invaluable, Que en mi corazón siempre será inmutable.
En los días oscuros, eres mi rayo de sol, Tu sonrisa ilumina todo mi entorno, En las victorias celebramos juntos, Y en las derrotas nos animamos sin punto.
No importa la distancia que nos separe, Nuestra amistad siempre será inquebrantable, Eres el testigo de mis risas y llantos, El confidente fiel de mis secretos más santos.
Gracias por estar siempre a mi lado, Por ser el amigo que nunca me ha fallado, Juntos hemos creado recuerdos inolvidables, Y en mi corazón, tu amistad siempre será imborrable.
Yo soy amigo de mi mejor amigo, Un lazo eterno que nada podrá romper, Celebro hoy nuestra amistad sin medida, Porque eres mi amigo, mi alma gemela verdadera.
Hablando conmigo mismo durante todos estos años, transitando la enfermedad y que me ha obligado a ausentarme de la vida social y laboral, he comprendido lo importante que es aceptar que todo en la vida es temporal. Durante mucho tiempo, me he resistido a adaptarme a los cambios inevitables, peleando contra la realidad que me rodea. Pero ahora, en este momento de reflexión, encuentro tranquilidad al entender que todo tiene un final, sin excepción.
Es un desafío aceptar que incluso nuestra existencia, tan ligada a nuestras relaciones y a nuestras emociones profundas, llegará a su fin en algún momento. Sin embargo, al aceptarlo, descubro una sensación de paz que antes desconocía. Aprender a aceptar con cariño tanto las experiencias positivas como las negativas que nos brinda la vida es liberador y enriquecedor.
He aprendido a abrazar cada momento que se cruza en mi camino con calma y sin apegos, ya sean momentos de felicidad fugaz o momentos dolorosos de estos que dejan huellas para toda la vida. Estas experiencias, tan breves como destellos en el universo, se enlazan en un ciclo eterno.
Si pudiéramos alejarnos de pensar en las cosas como buenas o malas, nos daríamos cuenta de que todo está diseñado para que crezcamos y nos sintamos bien. Cada prueba, cada logro y cada despedida forman parte de un ciclo que no tiene fin. Al aceptar esto, encontramos la fuerza necesaria para caminar con otra actitud por nuestra vida.
Así que, en medio de esta situación en la que cada uno vive, permitámonos liberarnos de la lucha constante. Dejemos que la paz inunde nuestros corazones, mientras nos sumergimos en el flujo de lo que es, abrazando con entendimiento y mucho amor, sin olvidarnos de agradecer a la vida, aunque a veces no tenga piedad. Cada momento y cada latido de esta, nuestra vida.
Total, ¿para qué queremos entender tantas cosas? Si al final, todos nos vamos de aquí y ya sabemos de sobra que nadie sale de este mundo vivo. Entonces, lo mejor es no esperar nada y vivir el ahora, porque es lo único que tenemos y nos pertenece de verdad. Si tuviera que darte un consejo, solo te diría que trabajes el desapego hacia lo que te hace sentir mal, hacia todo lo material que no sea estrictamente necesario, y hacia cualquier banalidad, tanto como puedas y cuanto antes mejor.
La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.
Katriel Quin.
Cuando amanecer es uno de los regalos más bonitos que recibes cada día y no nos damos cuenta porque vivimos en un corre corre, que no nos llevará nunca a nada que esté cerca de la felicidad.
Agradezco a la vida, cada momento es significativo en mi vida, cada persona es aprendizaje en mí, que me nutre de vivencias, de vida y otras cosas… pero nosotros también entregamos experiencias a los demás, somos energía kármica, y esta se encarga de llevar los mensajes del universo a los que lo necesitan, mientras, al mismo tiempo recibimos nuestros propios mensajes, una vez concluya, estas personas solo mensajeras desaparecen sin más. O desaparecemos sin más… y a veces no existen motivos que justifiquen eso… a veces nos enfocamos en el ¿por qué?
Recordemos esto: somos humanos que servimos a la fuente creadora a tejer lazos del destino del tiempo y del espacio infinito con ese hilo que nos conecta a todo el universo, hay días que somos humanos y hay días que somos ángeles, esos días en los que somos ángeles no somos del todo conscientes de lo que hacemos o decimos, pues una fuerza muy notable nos impulsa a salir de la rutina y es ahí cuando el ángel mensajero tiene que llevar un mensaje y luego volver a su vida, esta entrega de mensajes puede durar horas y algunas veces la vida entera…
Debemos recordar esto, que los que llegan como mensajeros, nunca podrán quedarse….. cada uno debe volver a su vida, seguramente no allí donde la dejó, pero sí donde vuelve a ser uno con todo… entonces la pregunta correcta que debemos hacernos es ¿para qué está ocurriendo esto en mi vida? ¿Qué debo aprender de todo esto que vivo?
Por todo esto sé que alguna vez estuviste en mi vida como mensajero/a, y tuviste que volver a ti, por la causa que fuera… GRACIAS POR TU TIEMPO, POR EXISTIR, gracias por la enseñanza, por el mensaje, a todos esos maestros que vamos recibiendo en el camino hacia el único ser que todos somos.
La vida, dicen que son tan solo dos días, tan efímera como un suspiro o un vuelo, tan fugaz que se escapa mientras seguimos reflexionando sobre ella. Es una cuenta regresiva que comienza desde el primer instante, única e irremplazable, como un coche con todas las marchas pero sin freno.
Algunos viven dejando que el tiempo se les escape, como si siempre hubieran sido viejos por falta de sueños. No se apasionan, simplemente respiran. Otros, en cambio, tienen cuarenta horas de más en esos dos días, pero les falta el valor para ser auténticos, o se convierten en cómodos habitantes de una mentira.
Nuestra vida transcurre sin ensayos, acompañados de canciones que encierran momentos y coleccionando oportunidades perdidas. Cargamos con un exceso de recuerdos, prolongando lo que es imposible, creyendo erróneamente en nuestra propia eternidad, mientras nos ahogamos detrás de sonrisas forzadas.
No podemos vivir mientras sucumbimos al miedo, siempre a la sombra de otros y con una red eterna que nos sostiene en el suelo. No podemos elegir sin perder algo, sin tener fe en nosotros mismos y en la incertidumbre del destino, o tomando riesgos sin tener todas las cartas necesarias para ganar.
No se vive sin experimentar pequeñas muertes o sin llorar de risa, sin perder la fe en momentos de duda, sin cuestionarnos si saltar o caer, sin manchar nuestros zapatos en el camino. La vida está llena de vacíos que duelen, de partidas que ganamos o perdemos, de alas que nos permiten volar y momentos que dan sentido a nuestra existencia.
Somos meramente una medida de tiempo, relojes que carecen de horas, arena que se escapa entre los dedos. Somos deseos y emociones, una lucha interna constante y una caja llena de secretos inconfesables. Nos convertimos en rebeldes sin causa, enfrontando el miedo después de decir «puedo», leones domesticados, revolucionarios de salón y gastadores incansables de oportunidades.
Que esos dos días sean una verdadera vida, que el suspiro esté impregnado de emociones y alegría, y que el camino sea largo y sin apuros. Que lleguen los meses sin prisa, que el sol caliente sin quemar, que las pasiones nunca nos abandonen y que en el tiempo que nos quede, seamos auténticos. Y que encuentres en la calma tu mayor tesoro.
En estos tiempos sombríos, confieso que a veces siento miedo. El mundo puede parecer amenazante y oscuro, luchando por encontrar claridad en medio de la oscuridad. Pero en medio de esta incertidumbre, me niego a dejarme vencer.
En estos tiempos sombríos, confieso que me atrevo a volar en la noche como los murciélagos. Me aventuro en lo desconocido, desafiando las normas establecidas y buscando nuevas soluciones. No me conformo con lo cómodo y familiar, sino que me arriesgo a explorar lo inexplorado.
Confieso también que a veces me siento abrumado por las mentiras que nos imponen, como una carga difícil de digerir. Pero en lugar de aceptar pasivamente esas falsedades, me rebelo. Me niego a ser silenciado y busco la verdad, aunque sea incómoda o dolorosa.
En estos tiempos sombríos, confieso que a veces me siento solo. Pero también confieso que tengo el coraje de buscar la compañía de aquellos que comparten mi visión de belleza y justicia. Nos unimos a pesar de las barreras artificiales que nos dividen, encontrando fortaleza en nuestra solidaridad y conexión humana.
Confieso que a veces dudo, cuestiono si la existencia humana realmente vale la pena en medio de tanta adversidad. Pero en lo más profundo de mi ser, decido aferrarme a la esperanza. Me resisto a permitir que la desesperanza y el pesimismo me dominen, y elijo creer en el potencial humano de trascender y encontrar sentido en los momentos más oscuros.
En estos tiempos sombríos, confieso que a veces me tildan de loco. Y tal vez lo sea. Pero ¿no es la locura a veces necesaria para desafiar las normas y cambiar el mundo? Me enorgullezco de ser «loco», pues es un recordatorio de mi valentía y resistencia.
Finalmente, confieso que cuando me piden actuar en contra de mi conciencia o sentido común, me rebelo y desobedezco. No me someto a órdenes que socavan mis valores y principios. Elijo utilizar mi inteligencia para discernir lo correcto y defender lo que considero justo.
En estos tiempos sombríos, confieso que ser valiente, resistente y desobediente es mi manera de mantener viva la esperanza. Es mi forma de enfrentar la oscuridad y luchar por un mundo mejor. Y aunque pueda ser difícil y solitario, permanezco firme en mi convicción de que siempre habrá una luz que guíe el camino hacia adelante.
En esta vida, no hay ganancias ni pérdidas. Desde el momento en que llegaste a este mundo, lo hiciste sin posesiones materiales, sin expectativas ni logros pasados. Sin importar el rumbo que tome tu vida, siempre estarás en un estado de ganancia, siempre caminando junto a la victoria.
Nuestra existencia es un constante proceso de crecimiento y aprendizaje, donde cada experiencia, ya sea desafiante o gratificante, nos brinda oportunidades para fortalecernos y evolucionar. No existe una derrota absoluta, solo son lecciones y aprendizajes.
Así pues, avanza con confianza y determinación, sabiendo que en cada paso del camino, estás adquiriendo la invaluable riqueza de la experiencia y la sabiduría. Celebra cada logro, sin importar cuán pequeño pueda parecer, y mantén la certeza de que estás destinado a triunfar en tu propio camino, que encima es especial, porque es único.