En el corazón de una semilla dormida,
yace el potencial de una vasta arboleda.
Es un regalo del universo, entrelazado en vida,
una semilla que el futuro guarda y espera.
Un bosque en formación, oculto en su envoltura,
guarda en sí mismo el secreto de su grandeza.
La semilla germina con valentía y ternura,
haciendo del suelo su propia fortaleza.
De la tierra oscura y fértil, alza sus raíces,
buscando nutrientes con fervor y anhelo.
En su crecimiento, el bosque se desliza,
con hojas que bailan al viento en su vuelo.
Con cada rayo de sol y cada gota de lluvia,
la semilla se nutre y se hace más fuerte.
Con el tiempo, en gloriosa y frondosa ecuación,
el bosque se alza, un triunfo de la naturaleza.
Sus árboles majestuosos como pilares del cielo,
con sus ramas extendidas hacia el infinito.
Las aves encuentran en su sombra un consuelo,
y los animales encuentran su hogar bendito.
No existe límite para el poder de una semilla,
pues en ella reside el nacimiento de un bosque.
Con paciencia y dedicación, su grandeza se revela,
y en cada rama y hoja, su esencia se derroche.
Así es la semilla que engendra un bosque,
un regalo divino que nunca debe ser olvidado.
En su crecimiento y en su majestuosidad reproche,
la vida se renueva, un ciclo sagrado.
En cada bosque, una semilla germina,
con el potencial de crear un mundo nuevo.
Así, el legado de la naturaleza nos enseña,
la importancia de cuidar y amar lo que tenemos.
La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.
Katriel Quin
❤️♾️4U





