En el sendero silencioso de la vida,
una luz suave nos guía, pequeña y constante,
es la empatía, luciérnaga del alma,
que con delicadeza ilumina el corazón distante.
Habita en el susurro de las hojas al viento,
escucha las penas sin apurar el tiempo,
con ojos de amor mira el dolor ajeno,
y siente en su piel lo que el otro ha vivido.
Conoce la dulzura y la fuerza necesaria,
pues su anhelo es sanar y jamás herir,
sutilmente, entre sombras, teje hilos de paz,
su abrazo desata nudos, su presencia alivia.
Camina con el manto de la comprensión,
escucha miradas, decifra silencios,
en cada herida abierta vierte su luz,
y levanta con suavidad a quien ya no puede más.
Porque la magia de la empatía es simple y pura,
vive en el presente, siendo y estando,
y su don es recordar a cada ser cansado
que nunca estamos solos en el sendero andado.
LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.
Katriel Quin.



