Cuando ya no perteneces a un lugar, la vida te lo dice, no con palabras, sino con pequeñas sacudidas que incomodan el alma.
Te coloca en rincones oscuros, donde todo parece confuso y pesado, para que mires más allá de lo conocido.
No temas al caos, porque es un mensajero. Lo que hoy duele, mañana te abrirá puertas que jamás imaginaste.
Escucha cuando la vida te empuja suavemente, aunque duela. Es su manera de guiarte, de mostrarte que la incomodidad no es un castigo, sino un llamado de atención, para que despiertes a las decisiones que debes tomar.
Es el primer paso hacia un camino más claro, hacia un lugar que te espera. Un lugar donde podrás sincronizarte con todas tus formas y estados, y ser más libre.
Más despierto. Más consciente de que cada decisión que tomas puede acercarte a esa libertad o alejarte de ella.
Por eso, vive en el ahora, porque es aquí y ahora donde tu vida ocurre. No en el pasado, ni en el futuro, sino en este instante, que es todo lo que tienes.
Dar porque así lo sientes, es como verter agua de nuestra propia fuente, sin medir su caudal, simplemente porque el deseo de compartir brota naturalmente. Cuando damos de esta manera, sin esperar que algo vuelva hacia nosotros, tocamos una forma pura de felicidad que nace del amor desinteresado.
Es como la tierra que da sus frutos a raudales, sin preguntar quién recogerá la cosecha. En este desprenderse y ofrecer lo que sentimos, encontramos una paz interior que no se compra ni se vende, porque su valor reside en la intención. Así, al dar por el simple placer de hacerlo, descubrimos un mundo donde la bondad se multiplica y retorna como un eco de bienestar compartido.
No necesitamos un mapa que nos diga dónde ir. Lo que importa es estar alerta a lo que sucede a nuestro alrededor. La incomodidad no es una opción; es un requisito para alcanzar lo que realmente deseamos. Si no estás dispuesto a enfrentar el fracaso, te quedarás estancado. Fracasar significa aprender, y cada error es una lección que te acerca a la mejora.
Deja de suponer. Haz preguntas y sé consciente de las palabras que usas; cada decisión que tomas afecta a los demás y, como consecuencia, a ti también. No te tomes todo de manera personal. Amarte a ti mismo no es una elección; es una necesidad. Si no te valoras, no encontrarás satisfacción en nada ni en nadie, y estarás regalando tu tiempo mendigando lo que anhelas, aquí, allí y en cualquier parte. Eso está muy mal visto en un mundo lleno de etiquetas y superficialidad. No nos mintamos: si lo haces, estás muerto, aunque sigas vivo.
La vida no espera. Si te demoras en descubrir tu valor, perderás oportunidades. Debes darte cuenta de que la felicidad no depende de los demás. Es fundamental que rompas las limitaciones que tu ego impone, porque solo así podrás comenzar a trabajar hacia tu verdadero potencial. Comprende de una vez que el cambio no llegará solo; tú tienes que hacerlo realidad. Así que deja de esperar y comienza a actuar. No hay tiempo que perder pensando continuamente en cómo lo harás; olvídate del ‘cómo’. ¡Ponte en marcha, y el ‘cómo’ aparecerá por sí mismo!
Llevo varios días preguntándome ¿de qué se alimenta el ego? Me asusta de manera brutal lo que nos puede llegar a hacer este gran problema que nuestra mente. También me asusta tan solo pensar de dónde obtiene tanta fuerza, capaz de enfrentarse a nosotros mismos y a través de nosotros, con los demás sin piedad. Nos obliga a hablar mal frente a las personas que nos ofenden sin querer o queriendo y en muchas ocasiones, en contra de nuestra propia voluntad.
Es como un narcisista que habita en nuestra mente, con el que mantenemos interminables diálogos hasta que, agotados, nos rendimos a su insistencia. En esos momentos de debilidad, ¿qué hace el ego? Nos manipula, instiga el miedo, nos seduce para que asumamos el papel de víctima y nos envuelve en el velo de la culpa cuando nos sentimos juzgados, sea justa o no la crítica. Tomamos todo de manera personal, y así, perdemos oportunidades por permitir que este huésped no invitado viva en nuestros pensamientos.
Reflexionemos sobre de qué se nutre este descarado, porque es crucial no confundir el amor propio con el ego; son entidades distintas, y entender esta diferencia nos podría liberar.
El ego se alza como una semilla que a veces florece de maneras insospechadas. Es como el viento que susurra promesas al oído, pero no siempre nos lleva hacia donde el corazón verdaderamente desea ir. Al contemplarlo, observamos los elementos que nutren su crecimiento.
Primero está la ignorancia, que es como una densa niebla en un bosque al amanecer. Cuando el paisaje está cubierto, nos perdemos los senderos que conducen a la luz. La falta de conocimiento es esa bruma que nos impide ver con claridad, llevándonos por caminos que no son los más amables ni los más sabios.
Luego, encontramos nuestra apego por lo material, semejante a un árbol cargado de frutos que nunca sacian el espíritu. En la búsqueda de oro y posesiones, podemos olvidarnos de lo que realmente nutre el alma: la conexión, el amor, la simple belleza de una puesta de sol. Este anhelo por tener se convierte en una prisión, oscureciendo la verdad de lo que nos hace verdaderamente ricos.
El miedo también camina a nuestro lado, como la sombra de una montaña que obliga a las flores a cerrar sus pétalos antes de tiempo. Nos detiene en el borde de nuestro propio potencial, impidiéndonos florecer hacia el sol de nuestras posibilidades más luminosas. Enfrentarlo requiere el valor de la brava flor que desafía las tormentas.
Y está el egoísmo, una corriente subterránea en el río de nuestra convivencia. Cuando nos centramos solo en nuestro propio reflejo, olvidamos el sonido melodioso del agua compartida, perdemos el cauce de la vida en comunidad. Reconocer que formamos parte de algo mayor nos da la oportunidad de fluir juntos, enriqueciendo nuestras aguas comunes.
Si estos elementos permanecen sin reconocer, pueden opacar la claridad de nuestra visión interior. Pero si aprendemos a verlos como un jardinero cuida su tierra, con paciencia y amor, hacemos posible que nuestra conciencia crezca como un ciprés robusto y sereno, enraizado en lo profundo y alcanzando alturas iluminadas. En esta dia, recordemos siempre que somos uno con todas las criaturas, viviendo en el mismo mundo que respiramos.
Con el inicio de la escuela, abrimos una puerta a nuevas oportunidades y aprendizajes. Es el momento perfecto para sentarnos con nuestros hijos y sembrar en ellos la semilla de la empatía.
Explícales que en cada diferencia hay un reflejo de la belleza de la humanidad. Las burlas, aunque a veces puedan parecer solo un juego, pueden profundizar heridas en el corazón de un niño. Unos zapatos gastados y una mochila usada llevan consigo los mismos sueños y esperanzas que los nuevos.
Recuerda que cada sonrisa oculta una historia, y hay niños que no regresan a casa donde encuentran amor. Es fundamental que les enseñemos a ser la luz que ilumina el camino de otros, a ser amigos de quienes son diferentes y a no dejar que el miedo a lo desconocido dicte sus acciones.
La escuela debe ser un refugio, un lugar donde todos sientan que pertenecen. Invitemos a nuestros hijos a construir un espacio donde la bondad y el respeto florezcan. Porque en la sencillez de un acto amable se encuentra el poder de transformar vidas.
Así que este año, que nuestros niños lleven en sus corazones el mensaje de que cada ser humano merece ser visto, querido y aceptado. Todo comienza en casa, y juntos podemos crear un mundo donde el amor y la comprensión reinen por encima de la burla y la exclusión.
Que ningún niño o niña tenga que sufrir esto. Que nuestra experiencia sirva para entender que el problema siempre viene de la mano de la comunicación, el amor y la confianza. Todo comienza desde ahí, así que dile a tu hijo o hija que se ame más que nada en este mundo, que se ame tal como es, porque será la historia de amor más bonita de toda su vida.
LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.
Katriel Quin.
Cuando amanecer es uno de los regalos más bonitos que recibes cada día y no nos damos cuenta porque vivimos en un corre corre, que no nos llevará nunca a nada que esté cerca de la felicidad.
Agradezco a la vida, cada momento es significativo en mi vida, cada persona es aprendizaje en mí, que me nutre de vivencias, de vida y otras cosas… pero nosotros también entregamos experiencias a los demás, somos energía kármica, y esta se encarga de llevar los mensajes del universo a los que lo necesitan, mientras, al mismo tiempo recibimos nuestros propios mensajes, una vez concluya, estas personas solo mensajeras desaparecen sin más. O desaparecemos sin más… y a veces no existen motivos que justifiquen eso… a veces nos enfocamos en el ¿por qué?
Recordemos esto: somos humanos que servimos a la fuente creadora a tejer lazos del destino del tiempo y del espacio infinito con ese hilo que nos conecta a todo el universo, hay días que somos humanos y hay días que somos ángeles, esos días en los que somos ángeles no somos del todo conscientes de lo que hacemos o decimos, pues una fuerza muy notable nos impulsa a salir de la rutina y es ahí cuando el ángel mensajero tiene que llevar un mensaje y luego volver a su vida, esta entrega de mensajes puede durar horas y algunas veces la vida entera…
Debemos recordar esto, que los que llegan como mensajeros, nunca podrán quedarse….. cada uno debe volver a su vida, seguramente no allí donde la dejó, pero sí donde vuelve a ser uno con todo… entonces la pregunta correcta que debemos hacernos es ¿para qué está ocurriendo esto en mi vida? ¿Qué debo aprender de todo esto que vivo?
Por todo esto sé que alguna vez estuviste en mi vida como mensajero/a, y tuviste que volver a ti, por la causa que fuera… GRACIAS POR TU TIEMPO, POR EXISTIR, gracias por la enseñanza, por el mensaje, a todos esos maestros que vamos recibiendo en el camino hacia el único ser que todos somos.
En una sociedad en la que los valores y creencias son impuestos desde la niñez, el adoctrinamiento y el adiestramiento son dos caras de la misma moneda que han generado una uniformidad excesiva en la forma de pensar y actuar de las personas. Este sistema ha creado una especie de forjado a medida para cada individuo, sin dar espacio a la creatividad, la individualidad y el pensamiento crítico.
Todo empieza con el sistema educativo, que busca homogeneizar a las personas desde una temprana edad, eliminando la capacidad de cuestionamiento que debería ser intrínseco en todo proceso educativo. Luego, los medios de comunicación, la religión y la familia se encargan de remarcar las mismas creencias y valores que se esperan que se sigan, sin que exista la posibilidad de descubrir otras perspectivas.
A partir de ahí, se van desarrollando comportamientos y pensamientos automáticos que se consideran aceptables para la sociedad en la que vivimos. Se nos enseña a no preguntar, a no pensar fuera de lo normal y a no ir en contra de los valores impuestos.
De esta forma, el sistema se asegura de que cada nueva generación tenga los mismos valores y perspectivas de la vida, eliminando la libertad de elección y la capacidad de seguir caminos distintos. Así, los individuos se conforman al prototipo social, viéndose a sí mismos como parte del todo para no ser reconocidos como una figura fuera del molde establecido. Esta visión crítica, es vista con desprecio y el individuo es considerado un marginado social o un rebelde sin causa.
Es urgente revalorar la importancia de la sabiduría como guía para cuestionar el ambiente social del que venimos. Debemos tener la capacidad de analizar todo aquello que nos llega y no seguir solo las creencias establecidas como verdades absolutas, esto con el fin de descubrir nuestra propia personalidad. Promover el pensamiento crítico, hacer preguntas y buscar la libertad en el aprendizaje, explorar nuevas opciones dentro de la conciencia y la habilidad de aceptar que las personas somos distintas, pero todas tenemos espacio en este mundo.
En conclusión, el adoctrinamiento y adiestramiento en la sociedad generan un impacto negativo en el desarrollo y pensamiento de los individuos, eliminando la libertad de elección y la creatividad a la hora de construir nuestra propia personalidad. Debemos luchar contra esta uniformidad excesiva, fomentando el pensamiento crítico y respetando la diversidad de pensamiento de cada ser humano. Solo así podremos alcanzar una verdadera libertad y autonomía, en un mundo consciente y con amor hacia el prójimo.
En la actualidad, una creciente cantidad de hombres y mujeres optan por permanecer solteros. Esta decisión se basa en una variedad de factores, que incluyen el miedo a las responsabilidades y el compromiso, el deseo de mantener la independencia y, en muchos casos, la creciente prevalencia del egoísmo en la sociedad moderna.
Muchas personas temen las responsabilidades y el compromiso que conlleva estar en una relación seria. Tener una pareja significa tener que tomar decisiones juntos, trabajar en equipo y comprometerse a construir una vida juntos. Es comprensible que algunas personas se sientan abrumadas por estos desafíos y prefieran evitarlos por completo.
Otro factor que ha contribuido al aumento de la soltería es el deseo de mantener la independencia. Muchas personas quieren tener la libertad de hacer lo que quieran, cuando quieran, sin tener que comprometerse con otra persona. La idea de tener que compartir su patrimonio con otra persona, o incluso tener que responder a las necesidades de otra persona, puede parecer una carga pesada para algunos.
Sin embargo, hay quienes argumentan que esta decisión de permanecer soltero en realidad se debe a una creciente tendencia hacia el egoísmo en la sociedad moderna. En lugar de valorar las relaciones significativas y la conexión humana, muchas personas están más preocupadas por sus propias necesidades y deseos. Ya no se respeta ni se confía en los demás como antes, y mantener las relaciones se ha vuelto cada vez más difícil en este clima de individualismo y falta de empatía.
Es cierto que vivir solo tiene sus beneficios, pero también hay muchas desventajas. Llega un momento en la vida en que se envejece y se extrañan las conexiones humanas significativas. Al elegir permanecer soltero durante toda su vida, es posible que algunas personas lamenten la libertad que disfrutaron en su juventud y se den cuenta demasiado tarde de que el precio que pagaron por esa libertad fue el de la soledad.
En definitiva, mientras que algunas personas pueden optar por permanecer solteras debido a sus temores y deseos personales, también es importante reconocer que la cultura egoísta de la sociedad moderna puede estar contribuyendo a esta tendencia. Como seres humanos, necesitamos la conexión y el apoyo de otros para vivir una vida plena y satisfactoria, y es importante no perder de vista este hecho.