La vida son decisiones, quiere decir que todo el tiempo que estamos transitando esto que llamamos la vida, es como una cadena de eslabones distintos, cada eslabón va enganchado al otro y cada enganche es una decisión que has tomado tú decide con quien enganches el siguiente eslabón, a veces decides a ciegas y otras veces decides con total seguridad, pero nunca se te podrá decir que la culpa la tiene otra persona todo lo que tú pasa en la vida. Dónde estás hoy todo fueron decisiones tomadas por ti, aunque las tomara otra persona, tú siempre tenía la última palabra y aquí estamos cada uno en el destino de todas esas decisiones, tomadas en el ayer. Lo que hoy decidamos repercutirá sin lugar a dudas en todo lo que ocurre mañana, por esa razón es preferible siempre decidir todo eso que si nos conviene, y no me refiero a que se hace hoy esta y que mires solo por ti, sino que hagas aquello que sea equilibrio para todos.
Hay quienes no logran sentir el eco del otro. No escuchan el peso de sus palabras. No perciben el daño que causan, ni la ternura que reciben.
Cuando los tratas con amor, lo confunden con debilidad. Cuando los ayudas, creen que acaban de ganar una partida. No leen la intención; solo calculan la ventaja.
No es que odien: es que no sienten.
Viven midiendo el mundo en utilidad y control, sin darse cuenta de que esa misma medida los deja vacíos por dentro.
Tu tarea no es cambiarlos ni castigarlos.
Es ver con claridad, cuidar tu centro, amar sin desangrarte. Puedes desearles bien, pero desde la distancia, donde tu alma respira.
Porque amar no siempre es quedarse.
A veces, el amor más sabio es seguir caminando con el corazón abierto:
Sin rencor, sin cerrar la puerta, pero sin volver a cruzarla.
Hay un momento en la vida en que uno se cansa de buscar fuera.
Te das cuenta de que el ruido de los demás solo distrae, que las opiniones del mundo no te salvan… y que lo que de verdad necesitas no está en ningún lugar externo.
No necesitas que te den la razón, ni que te entiendan, ni que te acompañen.
Tampoco necesitas seguridades prestadas ni apoyos que se tambalean con el tiempo.
Lo que buscas —aunque no siempre lo sepas— es paz. Y esa paz no viene de tenerlo todo resuelto… viene de dentro.
La verdad no grita, no discute, no entra en debates.
La verdad, cuando es tuya, se siente.
Y cuando la sientes, no hay forma de que nadie te la arrebate, porque no está basada en creencias, sino en certezas profundas.
Puedes estar rodeado de dudas, pero si dentro hay claridad, el ruido no afecta.
Por eso, si algo te confunde, no te pierdas preguntando a todo el mundo.
Ve hacia dentro.
Calla el mundo, escucha tu alma… y espera.
La verdad no siempre llega rápido, pero cuando llega… todo encaja.
Entonces caminas en paz, sin necesidad de explicar, convencer ni defenderte.
Solo sigues tu camino.
Con la cabeza alta, el corazón en calma… y el alma en su sitio.
Cuando ya no perteneces a un lugar, la vida te lo dice, no con palabras, sino con pequeñas sacudidas que incomodan el alma.
Te coloca en rincones oscuros, donde todo parece confuso y pesado, para que mires más allá de lo conocido.
No temas al caos, porque es un mensajero. Lo que hoy duele, mañana te abrirá puertas que jamás imaginaste.
Escucha cuando la vida te empuja suavemente, aunque duela. Es su manera de guiarte, de mostrarte que la incomodidad no es un castigo, sino un llamado de atención, para que despiertes a las decisiones que debes tomar.
Es el primer paso hacia un camino más claro, hacia un lugar que te espera. Un lugar donde podrás sincronizarte con todas tus formas y estados, y ser más libre.
Más despierto. Más consciente de que cada decisión que tomas puede acercarte a esa libertad o alejarte de ella.
Por eso, vive en el ahora, porque es aquí y ahora donde tu vida ocurre. No en el pasado, ni en el futuro, sino en este instante, que es todo lo que tienes.
Dar porque así lo sientes, es como verter agua de nuestra propia fuente, sin medir su caudal, simplemente porque el deseo de compartir brota naturalmente. Cuando damos de esta manera, sin esperar que algo vuelva hacia nosotros, tocamos una forma pura de felicidad que nace del amor desinteresado.
Es como la tierra que da sus frutos a raudales, sin preguntar quién recogerá la cosecha. En este desprenderse y ofrecer lo que sentimos, encontramos una paz interior que no se compra ni se vende, porque su valor reside en la intención. Así, al dar por el simple placer de hacerlo, descubrimos un mundo donde la bondad se multiplica y retorna como un eco de bienestar compartido.
No necesitamos un mapa que nos diga dónde ir. Lo que importa es estar alerta a lo que sucede a nuestro alrededor. La incomodidad no es una opción; es un requisito para alcanzar lo que realmente deseamos. Si no estás dispuesto a enfrentar el fracaso, te quedarás estancado. Fracasar significa aprender, y cada error es una lección que te acerca a la mejora.
Deja de suponer. Haz preguntas y sé consciente de las palabras que usas; cada decisión que tomas afecta a los demás y, como consecuencia, a ti también. No te tomes todo de manera personal. Amarte a ti mismo no es una elección; es una necesidad. Si no te valoras, no encontrarás satisfacción en nada ni en nadie, y estarás regalando tu tiempo mendigando lo que anhelas, aquí, allí y en cualquier parte. Eso está muy mal visto en un mundo lleno de etiquetas y superficialidad. No nos mintamos: si lo haces, estás muerto, aunque sigas vivo.
La vida no espera. Si te demoras en descubrir tu valor, perderás oportunidades. Debes darte cuenta de que la felicidad no depende de los demás. Es fundamental que rompas las limitaciones que tu ego impone, porque solo así podrás comenzar a trabajar hacia tu verdadero potencial. Comprende de una vez que el cambio no llegará solo; tú tienes que hacerlo realidad. Así que deja de esperar y comienza a actuar. No hay tiempo que perder pensando continuamente en cómo lo harás; olvídate del ‘cómo’. ¡Ponte en marcha, y el ‘cómo’ aparecerá por sí mismo!
En la vida, encontrarás personas que, sin importar lo que hagas, no conectarán contigo. Pero también existen aquellos que te valorarán y apreciarán de corazón.
Esas son las personas que importan.
Recuerda que no necesitas agradar a todos; está bien así. Habla con quienes realmente desean escucharte y se preocupan por ti.
No te sientas mal cuando percibas indiferencia, ni gastes tu energía tratando de averiguar los motivos. Quien quiera contarte algo te lo contará, y quien no lo quiera compartir, no lo hará nunca, aunque insistas.
Simplemente sigue tu camino; el amor o la amistad no se deben forzar, ya que lo que se fuerza se rompe. Seguramente, tu destino no está con ellos ni el de ellos contigo, pero siempre recuerda que habrá personas que sí te acompañarán y seguramente serán quienes menos esperas.
LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.
Katriel Quin.
💜♾️4U
Ámate siempre, sin miedos, sin culpas y sin dudas, porque eres la única persona que te acompañará el resto de tu vida.
Para mí, «tenerlo todo» significa alcanzar la habilidad de entender nuestro propósito en la vida, comprender la razón por la que estamos aquí. No hablo de religiones específicas, sino de una disposición general para aceptar que todo es posible.
Sin embargo, sin entrar en detalles no explorados, es curioso cómo la ciencia avanza a pasos agigantados en crear productos para ralentizar el envejecimiento, pero aún no entendemos cómo funciona el alma, cómo opera nuestro cerebro con lo espiritual, hasta dónde llegan nuestras creencias a limitarnos que poseemos un poder infinito para alcanzar cualquier cosa y con esto incluyo el poder de la autocuración o autosanación, o porque no nos cuentan el verdadero funcionamiento completo de la glándula pineal?
El Universo está lleno de misterios.
Hay tantas preguntas sobre la vida que en ocasiones podemos sentirnos abrumados por la información contradictoria, llevando a la conclusión de que quizás es mejor no saber nada, porque no existe una verdad absoluta.
Para cada uno de nosotros, «tenerlo todo» podría significar encontrar nuestro propósito vital. Mientras no logremos esto, la vida puede carecer de sentido. Lograr tal comprensión es un verdadero arte, una destreza que es difícil de explicar y de comprender completamente. Sin embargo, tengo claro que, si queremos descubrir quiénes somos realmente, recordar de dónde venimos y entender nuestra misión aquí, necesitamos despojarnos de las expectativas que la sociedad ha impuesto sobre nosotros.
A menudo vivimos aparentando en lugar de ser quienes realmente somos, debemos dejar de ser lo que los demás quieren que seamos y empezar a vivir auténticamente, aceptando nuestra verdadera esencia. Reconocer la luz que llevamos dentro y entender que somos una manifestación de luz y de esa fuente de creación, es crucial, para la evolución.
Esta es mi perspectiva, sobre lo que significa para mí «tenerlo todo», es una búsqueda constante de autenticidad interna y de conexión con la divinidad que reside en cada uno de nosotros. De recordar quiénes somos, de donde hemos venido y poder así reconocer el propósito que debemos cumplir cada uno de nosotros.
Esta transformación interna nos ayudará a entender mejor nuestra existencia y vivir con un propósito real. Con estos pensamientos en mente, enfoco cada día en explorar, aprender y crecer. Cada paso que doy hacia la comprensión personal también contribuye al bienestar de todos y a la elevación espiritual de la humanidad. No hay límite en este camino de autoconocimiento y unión con lo divino, y mi compromiso es seguir avanzando con determinación y humildad en este viaje de la vida.
En la actualidad, una creciente cantidad de hombres y mujeres optan por permanecer solteros. Esta decisión se basa en una variedad de factores, que incluyen el miedo a las responsabilidades y el compromiso, el deseo de mantener la independencia y, en muchos casos, la creciente prevalencia del egoísmo en la sociedad moderna.
Muchas personas temen las responsabilidades y el compromiso que conlleva estar en una relación seria. Tener una pareja significa tener que tomar decisiones juntos, trabajar en equipo y comprometerse a construir una vida juntos. Es comprensible que algunas personas se sientan abrumadas por estos desafíos y prefieran evitarlos por completo.
Otro factor que ha contribuido al aumento de la soltería es el deseo de mantener la independencia. Muchas personas quieren tener la libertad de hacer lo que quieran, cuando quieran, sin tener que comprometerse con otra persona. La idea de tener que compartir su patrimonio con otra persona, o incluso tener que responder a las necesidades de otra persona, puede parecer una carga pesada para algunos.
Sin embargo, hay quienes argumentan que esta decisión de permanecer soltero en realidad se debe a una creciente tendencia hacia el egoísmo en la sociedad moderna. En lugar de valorar las relaciones significativas y la conexión humana, muchas personas están más preocupadas por sus propias necesidades y deseos. Ya no se respeta ni se confía en los demás como antes, y mantener las relaciones se ha vuelto cada vez más difícil en este clima de individualismo y falta de empatía.
Es cierto que vivir solo tiene sus beneficios, pero también hay muchas desventajas. Llega un momento en la vida en que se envejece y se extrañan las conexiones humanas significativas. Al elegir permanecer soltero durante toda su vida, es posible que algunas personas lamenten la libertad que disfrutaron en su juventud y se den cuenta demasiado tarde de que el precio que pagaron por esa libertad fue el de la soledad.
En definitiva, mientras que algunas personas pueden optar por permanecer solteras debido a sus temores y deseos personales, también es importante reconocer que la cultura egoísta de la sociedad moderna puede estar contribuyendo a esta tendencia. Como seres humanos, necesitamos la conexión y el apoyo de otros para vivir una vida plena y satisfactoria, y es importante no perder de vista este hecho.