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  • LA VERDAD LLEGA CUANDO DEJAS DE BUSCAR.

    Hay un momento en la vida en que uno se cansa de buscar fuera.

    Te das cuenta de que el ruido de los demás solo distrae, que las opiniones del mundo no te salvan… y que lo que de verdad necesitas no está en ningún lugar externo.

    No necesitas que te den la razón, ni que te entiendan, ni que te acompañen.

    Tampoco necesitas seguridades prestadas ni apoyos que se tambalean con el tiempo.

    Lo que buscas —aunque no siempre lo sepas— es paz. Y esa paz no viene de tenerlo todo resuelto… viene de dentro.

    La verdad no grita, no discute, no entra en debates.

    La verdad, cuando es tuya, se siente.

    Y cuando la sientes, no hay forma de que nadie te la arrebate, porque no está basada en creencias, sino en certezas profundas.

    Puedes estar rodeado de dudas, pero si dentro hay claridad, el ruido no afecta.

    Por eso, si algo te confunde, no te pierdas preguntando a todo el mundo.

    Ve hacia dentro.

    Calla el mundo, escucha tu alma… y espera.

    La verdad no siempre llega rápido, pero cuando llega… todo encaja.

    Entonces caminas en paz, sin necesidad de explicar, convencer ni defenderte.

    Solo sigues tu camino.

    Con la cabeza alta, el corazón en calma… y el alma en su sitio.

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.

    Katriel Quin.

  • LA TIMIDEZ DE LA CORONA

    En los frondosos bosques de la naturaleza, existe un delicado baile que ocurre entre los árboles, una danza silenciosa que lleva consigo el respeto y la armonía. En esta sinfonía verde, los árboles poseen un conocimiento ancestral, una sabiduría que les guía a evitar la competencia desmedida por el espacio y los recursos vitales.

    Imagina por un momento, las copas de los árboles que se acercan y se tocan, como si quisieran entrelazar sus ramas en un abrazo fraternal. Sin embargo, en un gesto de nobleza y elegancia, las ramas detienen su crecimiento unos centímetros antes de invadir el sagrado espacio del otro árbol.

    Es aquí donde surge la «timidez de la corona», un acto de profundo respeto y equilibrio en el reino de los árboles.

    Cada árbol reconoce la unicidad del otro, comprende que tienen sus propias raíces hundidas en la Tierra y sus propios sueños que hacer realidad. Así, en una danza de sombras y luces, la «timidez de la corona» permite que cada árbol encuentre su lugar bajo el sol, beba del néctar de la vida y florezca en todo su esplendor.

    En este acto fascinante y sereno, los árboles nos enseñan una lección valiosa: la importancia de respetar y honrar el espacio y la individualidad de los demás. Nos invitan a reconocer que no necesitamos competir ferozmente para lograr nuestro crecimiento y éxito, sino que podemos florecer en nuestra propia magnificencia sin invadir el espacio sagrado de otros.

    Que esta maravillosa danza de la «timidez de la corona» nos inspire a abrazar la diversidad, a respetar los límites y a vivir en armonía con la naturaleza que nos rodea. Que encontremos en estos árboles silenciosos maestros de sabiduría y nos volvamos más conscientes de nuestro papel como guardianes de la tierra que compartimos.

    La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.

    Katriel Quin.

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