Llevo varios días preguntándome ¿de qué se alimenta el ego? Me asusta de manera brutal lo que nos puede llegar a hacer este gran problema que nuestra mente. También me asusta tan solo pensar de dónde obtiene tanta fuerza, capaz de enfrentarse a nosotros mismos y a través de nosotros, con los demás sin piedad. Nos obliga a hablar mal frente a las personas que nos ofenden sin querer o queriendo y en muchas ocasiones, en contra de nuestra propia voluntad.
Es como un narcisista que habita en nuestra mente, con el que mantenemos interminables diálogos hasta que, agotados, nos rendimos a su insistencia. En esos momentos de debilidad, ¿qué hace el ego? Nos manipula, instiga el miedo, nos seduce para que asumamos el papel de víctima y nos envuelve en el velo de la culpa cuando nos sentimos juzgados, sea justa o no la crítica. Tomamos todo de manera personal, y así, perdemos oportunidades por permitir que este huésped no invitado viva en nuestros pensamientos.
Reflexionemos sobre de qué se nutre este descarado, porque es crucial no confundir el amor propio con el ego; son entidades distintas, y entender esta diferencia nos podría liberar.
El ego se alza como una semilla que a veces florece de maneras insospechadas. Es como el viento que susurra promesas al oído, pero no siempre nos lleva hacia donde el corazón verdaderamente desea ir. Al contemplarlo, observamos los elementos que nutren su crecimiento.
Primero está la ignorancia, que es como una densa niebla en un bosque al amanecer. Cuando el paisaje está cubierto, nos perdemos los senderos que conducen a la luz. La falta de conocimiento es esa bruma que nos impide ver con claridad, llevándonos por caminos que no son los más amables ni los más sabios.
Luego, encontramos nuestra apego por lo material, semejante a un árbol cargado de frutos que nunca sacian el espíritu. En la búsqueda de oro y posesiones, podemos olvidarnos de lo que realmente nutre el alma: la conexión, el amor, la simple belleza de una puesta de sol. Este anhelo por tener se convierte en una prisión, oscureciendo la verdad de lo que nos hace verdaderamente ricos.
El miedo también camina a nuestro lado, como la sombra de una montaña que obliga a las flores a cerrar sus pétalos antes de tiempo. Nos detiene en el borde de nuestro propio potencial, impidiéndonos florecer hacia el sol de nuestras posibilidades más luminosas. Enfrentarlo requiere el valor de la brava flor que desafía las tormentas.
Y está el egoísmo, una corriente subterránea en el río de nuestra convivencia. Cuando nos centramos solo en nuestro propio reflejo, olvidamos el sonido melodioso del agua compartida, perdemos el cauce de la vida en comunidad. Reconocer que formamos parte de algo mayor nos da la oportunidad de fluir juntos, enriqueciendo nuestras aguas comunes.
Si estos elementos permanecen sin reconocer, pueden opacar la claridad de nuestra visión interior. Pero si aprendemos a verlos como un jardinero cuida su tierra, con paciencia y amor, hacemos posible que nuestra conciencia crezca como un ciprés robusto y sereno, enraizado en lo profundo y alcanzando alturas iluminadas. En esta dia, recordemos siempre que somos uno con todas las criaturas, viviendo en el mismo mundo que respiramos.
LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.
Katriel Quin.
