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  • “Cuando ya no sabemos que creer”

    “Cuando ya no sabemos qué creer”

    Vivimos tiempos en los que la información nos cae encima por todas partes. Un día dicen una cosa, y al siguiente, justo lo contrario. Hay voces que gritan, otras que susurran, y entre tanta confusión, muchas personas terminan en un estado que ni siquiera saben nombrar: desconfían de todo, dudan de todos, y al final se sienten perdidas, sin saber dónde poner su atención ni qué camino seguir.

    Esto no es casual. Es algo que está muy estudiado y que funciona muy bien para que la mente humana se bloquee. Cuando entramos en ese estado, dejamos de mirar dentro de nosotros y empezamos a mirar fuera, buscando respuestas en un mar revuelto donde es difícil ver con claridad.

    Hoy solo quiero recordarte algo sencillo: no estás solo en este lío, y no eres menos que nadie por sentirte así. A muchos les pasa. Pero también es cierto que, si paramos un momento, respiramos y volvemos a escuchar la voz tranquila que todos llevamos dentro, podemos empezar a distinguir entre el ruido y lo verdadero.

    No hace falta desconfiar de todo, ni creerlo todo. Basta con volver a conectar con ese sentido común que a veces se nos adormece entre tanta saturación. Y poco a poco, sin prisas, la niebla se va aclarando y cada uno encuentra su propio norte.

    No estoy aquí para decirte qué pensar. Solo para recordarte que es posible pensar por ti mismo, sin miedo y sin ruido. Y que a veces, el primer paso no es buscar más información fuera, sino hacer silencio dentro.

    La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.
    katriel Quin.

  • Diciembre.

    Diciembre ha llegado de nuevo, trayendo consigo un dulce y amargo sentimiento. Los años han pasado, y ya no soy el joven de veinte; cada año sumado me regala una mezcla de conocimiento y añoranza como si el tiempo mismo me abrazara. He aprendido que hay momentos en que el mundo se siente distante, cuando aquellos que solían estar cerca se alejan, especialmente cuando la enfermedad golpea a nuestra puerta. La soledad, ese compañero inesperado, resuena como un eco en la inmensidad del desierto.

    Es doloroso reconocer que, en nuestros momentos más frágiles, la cercanía de algunos se convierte en una indiferencia palpable. A veces, parece que regresan solo cuando ya no somos una carga, cuando piensan que la lucha ha llegado a su fin. Esta experiencia, aunque pesada, nos deja una herida que anhela ser vista, el deseo de un abrazo cálido que nos haga sentir comprendidos.

    Sin embargo, en medio de ese vacío, he descubierto la fortaleza más grande del universo, que reside en cada uno de nosotros, esperando ser abrazada. Cada día de lucha se transforma en un aprendizaje; cada desafío, en una oportunidad para florecer. Este mes de diciembre es diferente, porque he renacido. Aunque mi cuerpo aún no esté en su mejor forma, mi mente y mi espíritu se han unido, brindándome la esperanza y el valor para sentirme completo. Es mi esperanza quien se levanta con cada amanecer, quien lucha con firmeza, negándose a aceptar que la vida se ha detenido.

    He aprendido a atesorar los momentos simples, las pequeñas alegrías que, en medio del sufrimiento, a menudo pasan desapercibidas. Este diciembre, anhelo sonrisas sinceras, buenos deseos que fluyan sin reservas y un ambiente de serenidad que me impulse hacia adelante. Ya no busco las migajas de nadie, ni la rutina disfrazada, ni un perdón vacío, ni una amistad forzada, ni un corazón que gime por la ausencia de amor. Ya no quiero pedir nada, porque ahora estoy listo para recoger lo que he sembrado en la soledad del silencio. Nunca he dejado de sembrar, y eso solo lo sabe mi alma y el universo. Ahora es tiempo de cosechar lo que la vida tenga para mí, y lo haré sin pedirlo, porque soy yo quien decide ahora, el cómo y el cuándo.

    Nos cruzaremos en la vida, y tal vez me verás diferente. Probablemente preguntes qué me ocurre, por qué he cambiado tanto, y, sinceramente, responderé que no he cambiado, que simplemente he crecido. Porque he dejado atrás el hacerme pequeño para encajar… se acabó el esperar a los demás antes que a mí mismo. Siete diciembres distintos me separan de aquel que fui, del que ya no está, a este en quien me he convertido. Quien me acompañó lo hizo desde el corazón, o al menos eso espero. De cualquier manera, mi alma, mi mente y yo siempre estaremos agradecidos, y jamás se quedarán en el olvido, porque yo no soy así, y el tiempo, como siempre, dará la razón a aquellos que hablan con el corazón.

    Asi que Diciembre, ya estoy listo para recibirte  con gratitud, consciente de que mi camino ha sido muy doloroso, difícil, estresante, exigente, severo y agotador, pero pero al mismo tiempo sé que estoy más cerca de la versión más fuerte de mí mismo. La vida, aún con sus altibajos, es un regalo, y estoy aquí para abrazarlo con toda la  fuerza que alberga mi alma y todo ese amor que siento en mi corazón.  

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE. 

    Katriel Quin. 

    💜♾️4U

    Diciembre
  • DOY LO QUE SIENTO.

    Dar porque así lo sientes, es como verter agua de nuestra propia fuente, sin medir su caudal, simplemente porque el deseo de compartir brota naturalmente. Cuando damos de esta manera, sin esperar que algo vuelva hacia nosotros, tocamos una forma pura de felicidad que nace del amor desinteresado.

    Es como la tierra que da sus frutos a raudales, sin preguntar quién recogerá la cosecha. En este desprenderse y ofrecer lo que sentimos, encontramos una paz interior que no se compra ni se vende, porque su valor reside en la intención. Así, al dar por el simple placer de hacerlo, descubrimos un mundo donde la bondad se multiplica y retorna como un eco de bienestar compartido.

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.

    Katriel Quin.

    💜♾️4U

  • ¿DE QUÉ SE ALIMENTA EL EGO?

    Llevo varios días preguntándome ¿de qué se alimenta el ego? Me asusta de manera brutal lo que nos puede llegar a hacer este gran problema que nuestra mente. También me asusta tan solo pensar de dónde obtiene tanta fuerza, capaz de enfrentarse a nosotros mismos y a través de nosotros, con los demás sin piedad. Nos obliga a hablar mal frente a las personas que nos ofenden sin querer o queriendo y en muchas ocasiones, en contra de nuestra propia voluntad.

    Es como un narcisista que habita en nuestra mente, con el que mantenemos interminables diálogos hasta que, agotados, nos rendimos a su insistencia. En esos momentos de debilidad, ¿qué hace el ego? Nos manipula, instiga el miedo, nos seduce para que asumamos el papel de víctima y nos envuelve en el velo de la culpa cuando nos sentimos juzgados, sea justa o no la crítica. Tomamos todo de manera personal, y así, perdemos oportunidades por permitir que este huésped no invitado viva en nuestros pensamientos. 

    Reflexionemos sobre de qué se nutre este descarado, porque es crucial no confundir el amor propio con el ego; son entidades distintas, y entender esta diferencia nos podría liberar.

    El ego se alza como una semilla que a veces florece de maneras insospechadas. Es como el viento que susurra promesas al oído, pero no siempre nos lleva hacia donde el corazón verdaderamente desea ir. Al contemplarlo, observamos los elementos que nutren su crecimiento.

    Primero está la ignorancia, que es como una densa niebla en un bosque al amanecer. Cuando el paisaje está cubierto, nos perdemos los senderos que conducen a la luz. La falta de conocimiento es esa bruma que nos impide ver con claridad, llevándonos por caminos que no son los más amables ni los más sabios.

    Luego, encontramos nuestra apego por lo material, semejante a un árbol cargado de frutos que nunca sacian el espíritu. En la búsqueda de oro y posesiones, podemos olvidarnos de lo que realmente nutre el alma: la conexión, el amor, la simple belleza de una puesta de sol. Este anhelo por tener se convierte en una prisión, oscureciendo la verdad de lo que nos hace verdaderamente ricos.

    El miedo también camina a nuestro lado, como la sombra de una montaña que obliga a las flores a cerrar sus pétalos antes de tiempo. Nos detiene en el borde de nuestro propio potencial, impidiéndonos florecer hacia el sol de nuestras posibilidades más luminosas. Enfrentarlo requiere el valor de la brava flor que desafía las tormentas.

    Y está el egoísmo, una corriente subterránea en el río de nuestra convivencia. Cuando nos centramos solo en nuestro propio reflejo, olvidamos el sonido melodioso del agua compartida, perdemos el cauce de la vida en comunidad. Reconocer que formamos parte de algo mayor nos da la oportunidad de fluir juntos, enriqueciendo nuestras aguas comunes.

    Si estos elementos permanecen sin reconocer, pueden opacar la claridad de nuestra visión interior. Pero si aprendemos a verlos como un jardinero cuida su tierra, con paciencia y amor, hacemos posible que nuestra conciencia crezca como un ciprés robusto y sereno, enraizado en lo profundo y alcanzando alturas iluminadas. En esta dia, recordemos siempre que somos uno con todas las criaturas, viviendo en el mismo mundo que respiramos. 

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE. 

    Katriel Quin.

  • Tiempos sombríos

    En estos tiempos sombríos, confieso que a veces siento miedo. El mundo puede parecer amenazante y oscuro, luchando por encontrar claridad en medio de la oscuridad. Pero en medio de esta incertidumbre, me niego a dejarme vencer.

    En estos tiempos sombríos, confieso que me atrevo a volar en la noche como los murciélagos. Me aventuro en lo desconocido, desafiando las normas establecidas y buscando nuevas soluciones. No me conformo con lo cómodo y familiar, sino que me arriesgo a explorar lo inexplorado.

    Confieso también que a veces me siento abrumado por las mentiras que nos imponen, como una carga difícil de digerir. Pero en lugar de aceptar pasivamente esas falsedades, me rebelo. Me niego a ser silenciado y busco la verdad, aunque sea incómoda o dolorosa.

    En estos tiempos sombríos, confieso que a veces me siento solo. Pero también confieso que tengo el coraje de buscar la compañía de aquellos que comparten mi visión de belleza y justicia. Nos unimos a pesar de las barreras artificiales que nos dividen, encontrando fortaleza en nuestra solidaridad y conexión humana.

    Confieso que a veces dudo, cuestiono si la existencia humana realmente vale la pena en medio de tanta adversidad. Pero en lo más profundo de mi ser, decido aferrarme a la esperanza. Me resisto a permitir que la desesperanza y el pesimismo me dominen, y elijo creer en el potencial humano de trascender y encontrar sentido en los momentos más oscuros.

    En estos tiempos sombríos, confieso que a veces me tildan de loco. Y tal vez lo sea. Pero ¿no es la locura a veces necesaria para desafiar las normas y cambiar el mundo? Me enorgullezco de ser «loco», pues es un recordatorio de mi valentía y resistencia.

    Finalmente, confieso que cuando me piden actuar en contra de mi conciencia o sentido común, me rebelo y desobedezco. No me someto a órdenes que socavan mis valores y principios. Elijo utilizar mi inteligencia para discernir lo correcto y defender lo que considero justo.

    En estos tiempos sombríos, confieso que ser valiente, resistente y desobediente es mi manera de mantener viva la esperanza. Es mi forma de enfrentar la oscuridad y luchar por un mundo mejor. Y aunque pueda ser difícil y solitario, permanezco firme en mi convicción de que siempre habrá una luz que guíe el camino hacia adelante.

    La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.

    Katriel Quin. 🤍♾️