Dar porque así lo sientes, es como verter agua de nuestra propia fuente, sin medir su caudal, simplemente porque el deseo de compartir brota naturalmente. Cuando damos de esta manera, sin esperar que algo vuelva hacia nosotros, tocamos una forma pura de felicidad que nace del amor desinteresado.
Es como la tierra que da sus frutos a raudales, sin preguntar quién recogerá la cosecha. En este desprenderse y ofrecer lo que sentimos, encontramos una paz interior que no se compra ni se vende, porque su valor reside en la intención. Así, al dar por el simple placer de hacerlo, descubrimos un mundo donde la bondad se multiplica y retorna como un eco de bienestar compartido.
Ella es la luz que siempre brilla en la casa, la roca que permanece firme en las tormentas, la fuerza que impulsa a sus hijos a alcanzar lo inalcanzable.
Dia tras dia, ella entrega su corazón y su esfuerzo porque para ella, sus hijos son su razón de vivir. A pesar del cansancio, ella sigue adelante, siempre sonriendo, porque sabe que el amor que da nunca será en vano.
Ella es la mujer que despierta temprano en la mañana para preparar el desayuno, la que memoriza las preferencias de cada uno, para asegurar que el día comience de la mejor forma.
Ella es la que se queda hasta tarde en la noche para tener listo el almuerzo del día siguiente mientras los hijos duermen tranquilos en sus camas y el marido se relaja con una cena en la mesa.
Ella es la mujer que pasa largas horas lavando la ropa, planchar las camisas de sus hijos y perfumar su ropa de forma magnífica, para que se sientan bien en el trabajo o en la escuela.
Ella es la que se preocupa por cada lágrima que su hijo derrama, la que se asegura de que su hogar sea seguro y acogedor, y siempre está lista para escuchar, para abrazar y para amar.
Ella es la que cuida en silencio cada pequeño detalle de la casa, y siempre halla un momento para un juego, una charla o un abrazo, porque sabe que los detalles son importantes, porque sabe que el trabajo que realiza día a día es un reflejo del amor que siente por los suyos.
Ella es la madre infinita, la que nunca deja de sorprender con su amor incondicional y su dedicación. Ser madre es tan difícil, quitar el dolor de sus hijos es tan complicado como una tarea de otro mundo, y aun así siempre esta ahí, entregando todo, sin esperar nada a cambio.
Ella es la que está decidida a dar todo lo que tiene y más, porque para ella el fluir de la vida significa dar amor y entrega. Por eso, el amor de una madre es algo indescriptible y siempre estará presente, un regalo que valora y agradece quien lo tiene.