Etiqueta: abandono

  • LA DIGNIDAD NO ES ORGULLO.

    La dignidad no hace ruido.

    No discute, no pelea, no exige.

    Se queda de pie cuando todo alrededor se derrumba.

    Se seca las lágrimas a escondidas, recoge sus pocas fuerzas, y camina.

    No necesita testigos, ni aplausos, ni justicia.

    La dignidad sólo necesita una cosa: ser fiel a uno mismo.

    A veces te la quitan todo: el lugar, el nombre, la voz.

    A veces te señalan, te juzgan, te dejan solo.

    Y aun así —o quizá precisamente por eso—

    es cuando descubres que la dignidad no era algo que te podían arrancar.

    Era algo que nacía de dentro y que nadie más podía tocar.

    El orgullo grita: “Yo no me dejo pisotear.”

    La dignidad susurra: “Aunque me humillen, yo no perderé mi verdad.”

    El orgullo se levanta para ganar.

    La dignidad se levanta para no perderse a sí misma.

    Hay derrotas que destruyen, y derrotas que salvan.

    Cuando todo parece perdido, quien tiene orgullo se queda vacío.

    Quien tiene dignidad, se convierte en una semilla enterrada:

    invisible para los ojos de todos…

    pero viva, intacta, esperando el momento de florecer.

    Porque al final, no gana quien más fuerza tiene,

    ni quien más alto grita.

    Gana quien, aún roto, sigue eligiendo el amor,

    sigue eligiendo la luz,

    sigue eligiéndose a sí mismo.

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.

    Katriel Quin.

  • Diciembre.

    Diciembre ha llegado de nuevo, trayendo consigo un dulce y amargo sentimiento. Los años han pasado, y ya no soy el joven de veinte; cada año sumado me regala una mezcla de conocimiento y añoranza como si el tiempo mismo me abrazara. He aprendido que hay momentos en que el mundo se siente distante, cuando aquellos que solían estar cerca se alejan, especialmente cuando la enfermedad golpea a nuestra puerta. La soledad, ese compañero inesperado, resuena como un eco en la inmensidad del desierto.

    Es doloroso reconocer que, en nuestros momentos más frágiles, la cercanía de algunos se convierte en una indiferencia palpable. A veces, parece que regresan solo cuando ya no somos una carga, cuando piensan que la lucha ha llegado a su fin. Esta experiencia, aunque pesada, nos deja una herida que anhela ser vista, el deseo de un abrazo cálido que nos haga sentir comprendidos.

    Sin embargo, en medio de ese vacío, he descubierto la fortaleza más grande del universo, que reside en cada uno de nosotros, esperando ser abrazada. Cada día de lucha se transforma en un aprendizaje; cada desafío, en una oportunidad para florecer. Este mes de diciembre es diferente, porque he renacido. Aunque mi cuerpo aún no esté en su mejor forma, mi mente y mi espíritu se han unido, brindándome la esperanza y el valor para sentirme completo. Es mi esperanza quien se levanta con cada amanecer, quien lucha con firmeza, negándose a aceptar que la vida se ha detenido.

    He aprendido a atesorar los momentos simples, las pequeñas alegrías que, en medio del sufrimiento, a menudo pasan desapercibidas. Este diciembre, anhelo sonrisas sinceras, buenos deseos que fluyan sin reservas y un ambiente de serenidad que me impulse hacia adelante. Ya no busco las migajas de nadie, ni la rutina disfrazada, ni un perdón vacío, ni una amistad forzada, ni un corazón que gime por la ausencia de amor. Ya no quiero pedir nada, porque ahora estoy listo para recoger lo que he sembrado en la soledad del silencio. Nunca he dejado de sembrar, y eso solo lo sabe mi alma y el universo. Ahora es tiempo de cosechar lo que la vida tenga para mí, y lo haré sin pedirlo, porque soy yo quien decide ahora, el cómo y el cuándo.

    Nos cruzaremos en la vida, y tal vez me verás diferente. Probablemente preguntes qué me ocurre, por qué he cambiado tanto, y, sinceramente, responderé que no he cambiado, que simplemente he crecido. Porque he dejado atrás el hacerme pequeño para encajar… se acabó el esperar a los demás antes que a mí mismo. Siete diciembres distintos me separan de aquel que fui, del que ya no está, a este en quien me he convertido. Quien me acompañó lo hizo desde el corazón, o al menos eso espero. De cualquier manera, mi alma, mi mente y yo siempre estaremos agradecidos, y jamás se quedarán en el olvido, porque yo no soy así, y el tiempo, como siempre, dará la razón a aquellos que hablan con el corazón.

    Asi que Diciembre, ya estoy listo para recibirte  con gratitud, consciente de que mi camino ha sido muy doloroso, difícil, estresante, exigente, severo y agotador, pero pero al mismo tiempo sé que estoy más cerca de la versión más fuerte de mí mismo. La vida, aún con sus altibajos, es un regalo, y estoy aquí para abrazarlo con toda la  fuerza que alberga mi alma y todo ese amor que siento en mi corazón.  

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE. 

    Katriel Quin. 

    💜♾️4U

    Diciembre
  • ¿PORQUÉ ALGUNOS HIJOS ABANDONAN Y OLVIDAN A SUS PADRES?

    La relación entre padres e hijos es una de las más antiguas y complejas de la humanidad. Desde el inicio de los tiempos, los humanos han dependido de sus padres para su supervivencia y crecimiento, lo que ha creado un vínculo profundo entre ellos. Los padres han dedicado su tiempo, su atención, su amor y sus esfuerzos para asegurar la felicidad y el éxito de sus hijos. Pero ¿por qué algunos hijos parecen olvidar esta entrega y dedicación de sus padres y optan por abandonarles cuando envejecen?

    Hay varias razones por las que esto puede ocurrir. Una de ellas es la distancia geográfica. Con frecuencia, debido a trabajo, estudios o simplemente por querer explorar el mundo, los hijos tienen que mudarse lejos de sus padres y esto dificulta el contacto físico. A medida que se alejan, la vida les va absorbiendo y por lo tanto tener contacto es cada vez más complicado. En este caso, el abandono no es intencional y puede ser un reflejo de la vida moderna y el ritmo frenético que se lleva.

    Otra razón por la cual se abandonan los padres es la falta de comprensión emocional. Algunos hijos, en su afán por distanciarse de sus padres y crear su propia vida, pueden pasar por alto las necesidades emocionales de sus padres. Muchas veces los mayores requieren el apoyo emocional y la cercanía de sus hijos. Sin embargo, a menudo los hijos no comprenden las necesidades emocionales de sus padres y eso hace que se alejan también emocionalmente.

    Por otra parte, la indiferencia también puede ser un motivo por el cual se abandona a los padres. Algunos hijos no valoran el buen trabajo que sus padres hicieron para apoyarlos en su vida diaria, y así mismo pueden generar cierto resentimiento hacia ellos. Por ende, cuando los padres envejecen y empiezan a tener problemas de salud, los hijos pueden mostrar indiferencia y no tomar las medidas necesarias para apoyarlos y cuidarlos.

    La personalidad también influye en cierta medida. Si bien no es una causa directa del abandono, los hijos pueden ser más o menos sensibles y empáticos, lo que puede inclinar la balanza hacia la responsabilidad de mantener un vínculo cercano con sus padres. Aun así, por lo general, esto se puede solucionar a través de la sensibilización y la comprensión emocional.

    El estrés y la sobrecarga de trabajo también pueden llevar a los hijos a abandonar a sus padres. En algunos casos, los hijos pueden sentirse abrumados por su vida y no tener tiempo para dedicar a sus padres de la forma adecuada. En otros casos, quizás tengan sobrecarga de tareas y responsabilidades y eso provoque una especie de abandono.

    La mayoría de los comportamientos de abandono son una combinación de uno o varios motivos antes mencionados. Pero lo que ocurre dentro de la mente de estas personas es más complejo y difícil de analizar. En todos los casos, aunque se presenten varias justificaciones, el abandono de los padres no está justificado y es una elección egoísta. A diferencia de los niños, los adultos tienen la opción de elegir y tomar sus propias decisiones sobre cómo quieren vivir sus vidas, pero también tienen responsabilidades. Entre estas responsabilidades se encuentra cuidar de las personas que les importan, especialmente de su propia familia, como son los padres.

    El abandono puede tener consecuencias graves para los padres, incluyendo la depresión, la soledad y la sensación de no ser valorados. Incluso puede afectar su estado de ánimo y salud, lo que puede ser perjudicial para su calidad y esperanza de vida. A veces, algunos hijos no son conscientes de las consecuencias de sus acciones, hasta que algo ocurre, como la enfermedad o muerte de sus padres, por ejemplo.

    Debemos tener en cuenta que no todos los hijos abandonan a sus padres en su vejez. Hay muchos que dedican tiempo, esfuerzo y amor a sus padres, especialmente en sus últimos años. Pero para aquellos que han elegido el camino del abandono, hay opciones. A menudo, con tan solo una llamada telefónica, una visita o un poco de tiempo dedicado, se puede cambiar el curso de las relaciones entre padres e hijos.

    En conclusión, el abandono de los padres por parte de los hijos adultos puede deberse a una variedad de motivos, incluyendo la distancia geográfica, la falta de comprensión emocional, la indiferencia, la sobrecarga de trabajo o el estrés, entre otros. Si bien estos motivos pueden parecer justificados desde la perspectiva de los hijos, el abandono es una elección egoísta que no está justificada. Es importante reconocer que el abandono puede tener graves consecuencias para los padres, incluyendo la depresión, la soledad y la sensación de no ser valorados. Es fundamental que los hijos entiendan la importancia de cuidar de sus padres para que estos últimos se sientan acompañados en su proceso de envejecimiento. Así, con dedicación y amor, podremos construir relaciones positivas, duraderas y satisfactorias con nuestros padres.

    La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.

    Katriel Quin.

    📸 Dmitriy Markov