Categoría: pensmientos reflexivos

  • ¿Que cual nombre ELEGIRíA, si TUVIERA que cambiármelo?

    Si tuvieras que cambiar de nombre, ¿cuál elegirías?

    Si tuviera que vivir una situación en la que se me presentara la posibilidad de cambiar mi nombre… no lo haría.

    Ya que mi nombre frente al mundo que me conoce es y será siempre la representación de mi persona,

    es y será siempre la palabra más importante de mi vida. 

    Porque mi nombre no es solo una palabra:

    es mi historia, mi identidad, mi alma envuelta en sonido.

    Es lo que me nombra el que me ama.

    Es lo que me reconoce el que me respeta.

    Cambiar de nombre sería como borrar lo vivido,

    y yo prefiero honrar cada cicatriz,

    cada suspiro,

    cada paso que me trajo hasta aquí.

    Mi nombre soy yo.

    Y eso no se cambia.

    Se abraza.

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE

    Katriel Quin.

  • SI JESUS DE NAZARET HUBIERA NACIDO EN ESTA ÉPOCA.

    Si Cristo volviera hoy, lo clavarían en una cruz de luces y pantallas, y su martirio sería transmitido al mundo entero.

    Primero lo alzarían como un ídolo, un faro que deslumbra las multitudes. Sería el milagro del momento, la figura que todos desearían seguir. Pero cuando el brillo se apagara y la novedad se desvaneciera, lo abandonarían, dejándolo caer como una hoja seca que ya no alimenta la raíz.

    Imaginen el revuelo: alguien dice que un hombre llamado Jesús de Nazaret devuelve la vida a los muertos y convierte el agua en vino. Los escenarios más grandes del mundo lo reclamarían, y cada anfitrión de televisión buscaría el milagro que sellara su carrera. “Multiplica los panes y los peces aquí, frente a nuestras cámaras”, le dirían. “Habla tus verdades del monte, pero que sea en vivo, que todos lo vean”.

    Los sanados por su toque, los leprosos curados, los ciegos que ahora ven, saltarían de un canal al otro contando sus historias, no por gratitud, sino por un contrato. Los productores pelearían por las palabras de Lázaro, el que cruzó la muerte y regresó. Incluso María, su madre, sería interrogada, su pureza convertida en duda o espectáculo.

    Su vida, tan llena de maravilla y misterio, sería reducida a un drama vulgar. Las lenguas envidiosas lo pintarían con sombras, diciendo que su poder era un truco, que se movía entre pecadores y prostitutas, que conspiraba con criminales. Lo señalarían por cenas con publicanos y por una bondad que no entendían.

    Y, como antes, surgirían los rostros familiares: un Judas que lo vendería por monedas, un Pedro que, por miedo, lo negaría. Habría un Tomás que exigiría tocar las heridas para creer y un Pilatos que, cobarde, lavaría sus manos. Y la multitud, esa marea que cambia con el viento, clamaría de nuevo por su sangre, prefiriendo al criminal antes que al justo.

    Cristo no sería crucificado entre dos ladrones, sino entre nuestras propias contradicciones, entre el ruido y el olvido. Porque lo que no comprendemos, lo destruimos.

    Y entonces, cuando todo termine, no quedará más que el eco de su voz, susurrando todavía: “Bienaventurados los que tienen hambre de verdad, porque ellos serán saciados.”

    Que la paz esté con quienes aún buscan, y la luz con quienes aún creen.

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.

    De un texto de Jesús Quintero parafraseado por katriel Quin.

  • Ten fe.

    Hace un año tenías miedo de como sería llegar hasta aquí y si las cosas irían bien. Ahora que ya has llegado puedes comprobar que el miedo al futuro no se basa en algo certero. Estás bien y, no sé cómo, pero gradualmente irás encontrando la manera de estarlo también en el futuro.

    Confia en tu alma.

    La verdad con amor y el amor de verdad, siempre.

    Katriel Quin.

  • LO QUE NOS HACE DIFERENTES.

    Cada uno de nosotros es especial, como si tuviéramos una luz única. A veces, cuando vemos a alguien que actúa de manera distinta o tiene gustos que no son comunes, podemos llamarlo “raro” sin pensarlo bien. Pero ser diferente no debería hacernos sentir mal.

    Buscar ser “normal” puede hacernos olvidar quiénes somos realmente. En ese intento de encajar, a veces dejamos de lado lo que nos hace únicos. Quizás te gusten cosas que otros no entienden, como vestir de una forma creativa, estudiar algo poco habitual o soñar con algo que pocos imaginan.

    Esas diferencias son, en realidad, lo que te hace especial. Cada una de ellas brilla dentro de ti y contribuye a la diversidad que hace que nuestro mundo sea tan hermoso. En lugar de sentirte avergonzado por ser diferente, tal vez deberías sentirte orgulloso de ser quien eres.

    Cuando te aceptas a ti mismo, también inspiras a otros a ser auténticos. Ser tú es un regalo para el mundo. Al abrazar tu individualidad y conectar con los demás, creamos un espacio en el que todos pueden ser quienes son y donde brillan las diferentes luces de cada persona.

    Recuerda que cada uno tiene su camino y que al compartir nuestra esencia, el mundo se vuelve un lugar más rico y lleno de color.

    LA VERDAD CON AMOR Y EL AMOR DE VERDAD, SIEMPRE.  

    Katriel Quin. 

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