Siempre he creído que la vida es un camino que recorremos desde el momento en que nacemos. Cada uno de nosotros tiene que encontrar el suyo, en este mundo, que seguramente está lleno de desafíos y dificultades, pero también de momentos de felicidad y satisfacción personal.
Vivir es un camino, que se vive caminando, es avanzar cada día con una actitud inquebrantable y proactiva, aprendiendo de cada experiencia que se nos presente y superando los obstáculos que se nos atraviese en el camino. No es fácil, pero en mi opinión, lo más importante es perseverar y seguir adelante, a pesar de las dificultades que puedan presentarse.
De esta manera, podemos ir forjando nuestro propio destino y moldeando nuestra propia vida, tomando decisiones que nos permitan avanzar en la dirección que queramos y nunca dejando de aprender y crecer como seres humanos. Pues nunca se pierde, siempre se aprende.
Pues eso, que la vida es un sendero de baldosas amarillas, o del color que tú quieras, con baldosas o sin ellas, cada uno de nosotros tenemos que disfrutarlo. Ya que vivir es un regalo que se nos da una sola vez en este espacio tiempo de la existencia.
Día a día encontraremos a otros peregrinos y muchos otros nos encontrarán, seremos siempre aprendices a tiempo completo y sin darnos cuenta alguna veces seremos maestros…
Que lo que importa no es llegar a Oz, pero si es fundamental cultivar un corazón noble que nos permita amar y sentir empatía hacia los demás seres vivos.
También es importante desarrollar nuestra capacidad de discernimiento para encontrar el equilibrio entre el bien y el mal, siendo seres sintientes y pensantes capaces de tomar decisiones sabias.
Asimismo, es esencial tener valor y coraje para enfrentar nuestros miedos y errores, ya que muchas veces nosotros mismos podemos ser nuestro peor enemigo.
Y finalmente, es importante valorar y mantener cercanos a aquellos que amamos, pues el amor y el compartir momentos con nuestros seres queridos será sin duda lo más hermoso y enriquecedor que podamos experimentar en este camino llamado vida.
que sopla sin descanso en mi mente y mi corazón, en busca de algo que parece estar siempre perdido, una pasión que nunca tiene una razón.
Suplicando amor, buscando un lugar,
arrastrando mi dignidad y mi amor propio,
Enamorado de alguien que nunca me ve con bondad, sintiendo solo dolor en lo más hondo de mi alma.
¿Por qué sacrificar la vida, por este amor que solo me consume?
¿Por qué mi corazón sigue apostando por seguir mendigando lo imposible?
¿Será porque me autoengaño?, ¿buscando en ti lo que no veo ni en mí?
¿O es que aún no me amo lo suficiente?
Este amor no puede ser amor; pues no me da paz, me hace mucho mal, pues me aleja de mí y aun así con todo lo llorado, sigue esclavizándome en una espiral de miedos y culpabilidad, por seguir enamorado de quien acepté la herida…
Pero esta vez sé, que ya lo aprendí y así lo siento, que para encontrar ese amor verdadero fuera, primero debo encontrarlo en mi mismo, dentro.
Amándome…, solo así encontraré ese camino al amor más genuino.
Mira hacia dentro y júrate siempre amor eterno.
Cuida de tu bienestar y nunca busques en otros lo que aún te falta, porque solo tú puedes encontrar esa felicidad, y así es como el verdadero amor te encontrará.
Solo entonces y sin demora, oirás en tu interior la sonrisa más dulce, la sonrisa de aquel que fuiste en tu infancia, siendo esta la señal que en tu corazón sonará.
Ella es la luz que siempre brilla en la casa, la roca que permanece firme en las tormentas, la fuerza que impulsa a sus hijos a alcanzar lo inalcanzable.
Dia tras dia, ella entrega su corazón y su esfuerzo porque para ella, sus hijos son su razón de vivir. A pesar del cansancio, ella sigue adelante, siempre sonriendo, porque sabe que el amor que da nunca será en vano.
Ella es la mujer que despierta temprano en la mañana para preparar el desayuno, la que memoriza las preferencias de cada uno, para asegurar que el día comience de la mejor forma.
Ella es la que se queda hasta tarde en la noche para tener listo el almuerzo del día siguiente mientras los hijos duermen tranquilos en sus camas y el marido se relaja con una cena en la mesa.
Ella es la mujer que pasa largas horas lavando la ropa, planchar las camisas de sus hijos y perfumar su ropa de forma magnífica, para que se sientan bien en el trabajo o en la escuela.
Ella es la que se preocupa por cada lágrima que su hijo derrama, la que se asegura de que su hogar sea seguro y acogedor, y siempre está lista para escuchar, para abrazar y para amar.
Ella es la que cuida en silencio cada pequeño detalle de la casa, y siempre halla un momento para un juego, una charla o un abrazo, porque sabe que los detalles son importantes, porque sabe que el trabajo que realiza día a día es un reflejo del amor que siente por los suyos.
Ella es la madre infinita, la que nunca deja de sorprender con su amor incondicional y su dedicación. Ser madre es tan difícil, quitar el dolor de sus hijos es tan complicado como una tarea de otro mundo, y aun así siempre esta ahí, entregando todo, sin esperar nada a cambio.
Ella es la que está decidida a dar todo lo que tiene y más, porque para ella el fluir de la vida significa dar amor y entrega. Por eso, el amor de una madre es algo indescriptible y siempre estará presente, un regalo que valora y agradece quien lo tiene.
Había una vez un muchachito que se llamaba Carlos, que descubrió un capullo de mariposa y lo llevó a su hogar para poder observar en primerísima persona toda la transformación cuando la mariposa saliese de su crisálida.
Un día cualquiera de aquella semana, notó que había un pequeño agujero en el capullo y decidió y grabar un video para poder compartirlo después en las redes sociales…
Estuvo observando la lucha de la mariposa, por salir, durante horas.
La mariposa luchaba arduamente por pasar su cuerpo a través del pequeño agujero. Pero en un momento dado, pareció haber cesado de forcejear, como si se hubiera atascado. Entonces Carlos, en su inocente generosidad, decidió ayudarla, y con un cutter, hizo un pequeño corte al lado del agujero para hacerlo más grande. Finalmente, la mariposa pudo salir alegre y muy feliz.
Pero al salir, la mariposa se fijó en que tenía su cuerpo hinchado y unas alas pequeñas y dobladas que no lograba desdoblar y mientras se arrastraba en círculos sin poder volar, empezó a chillarle al muchachito:
⁃ pero que has hecho!!! No debías haberme ayudado, ahora ya nunca podré volar en libertad. No entiendes que ya la naturaleza está diseñada para existir y todo es parte de un equilibrio-, dijo entre lágrimas la mariposa.
Lo que el muchachito comprendió, disgustado y apenado por lo sucedido, fue que la lucha para salir del capullo era la forma en que la naturaleza forzaba los fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas para que crecieran y se fortalecieran. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud y su capacidad para volar.
La vida puede ser un camino difícil y lleno de obstáculos, pero es precisamente en los momentos de lucha donde podemos fortalecernos y crecer como personas. Sin embargo, a veces puede ser fácil caer en la tentación de compararnos con otros, o enfocarnos en lo que no tenemos en lugar de apreciar lo que sí tenemos.
Uno de los mayores desafíos en la vida es aprender a vivir en el presente y disfrutar de lo que se nos ha dado. Al hacerlo, podemos encontrar la felicidad a pesar de las dificultades, y aprender a valorar cada momento y cada experiencia. Es importante recordar que el verdadero valor de la vida no se encuentra en las cosas que poseemos, sino en la forma en que las vivimos y las compartimos con los demás.
Lo que quiero decir, es que hay que entender y aceptar dos puntos muy importantes. El primero, es que las luchas en la vida son como una oportunidad para crecer y aprender, y el segundo, es disfrutar de los momentos que se nos han dado.
Estas son dos claves importantes para encontrar la felicidad y la realización en nuestra vida.
Y nunca permitas que todo eso que no tienes, te haga olvidar y valorar todo eso que si posees. Porque al final de esta vida, lo que importa es vivir en el ahora, que es dónde únicamente, estás pasando tu vida. Así que ve al presente y disfruta del camino de tu vida caminándolo y observando todo alrededor, disfrutando y compartiendo con las personas que amas. Mientras las tengas a tu lado.
La vida es un viaje misterioso, lleno de sorpresas y con ticket solo de ida; Es la huida hacia adelante pero hacia ninguna parte. Y en cada paso que adelantamos en esta carrera de la vida, nos encontramos con momentos de felicidad y tristeza, triunfos y derrotas. A través de estas experiencias, aprendemos lecciones valiosas y nos convertimos en personas más sabias y comprensivas.
Una de las experiencias más hermosas y universales es que la conexión con los demás, es esencial para nuestra existencia. El amor, la amistad y la empatía nos unen y nos ayudan a superar los desafíos más difíciles. En momentos de dificultad, encontramos consuelo en la compañía y en el apoyo de aquellos que nos rodean.
Asimismo, el poder de la gratitud es algo que todos podemos recordar y atesorar. Ser agradecidos por las pequeñas cosas de la vida, por las personas que nos aman y por las oportunidades que nos brinda el mundo, nos ayuda a valorar lo que tenemos, a encontrar alegría en lo cotidiano y a enfrentar nuestros problemas con resiliencia y esperanza.
Por último, nunca subestimes el poder del perdón. El perdón nos libera de la amargura y la ira, nos permite sanar y avanzar. Perdonar a los demás, y a nosotros mismos, es un paso fundamental hacia la paz y la reconciliación, tanto en nuestras relaciones como en nuestro espíritu.
Lo que intento con esta reflexión, en este viaje llamado vida, es que recordemos siempre la importancia de conectar con los demás, practicar la gratitud y aprender a perdonar. Estos tres pilares nos ayudarán no solo a vivir una vida plena y significativa, sino también a crear un legado que perdure en el tiempo y en los corazones de aquellos que nos rodean.
La relación entre padres e hijos es una de las más antiguas y complejas de la humanidad. Desde el inicio de los tiempos, los humanos han dependido de sus padres para su supervivencia y crecimiento, lo que ha creado un vínculo profundo entre ellos. Los padres han dedicado su tiempo, su atención, su amor y sus esfuerzos para asegurar la felicidad y el éxito de sus hijos. Pero ¿por qué algunos hijos parecen olvidar esta entrega y dedicación de sus padres y optan por abandonarles cuando envejecen?
Hay varias razones por las que esto puede ocurrir. Una de ellas es la distancia geográfica. Con frecuencia, debido a trabajo, estudios o simplemente por querer explorar el mundo, los hijos tienen que mudarse lejos de sus padres y esto dificulta el contacto físico. A medida que se alejan, la vida les va absorbiendo y por lo tanto tener contacto es cada vez más complicado. En este caso, el abandono no es intencional y puede ser un reflejo de la vida moderna y el ritmo frenético que se lleva.
Otra razón por la cual se abandonan los padres es la falta de comprensión emocional. Algunos hijos, en su afán por distanciarse de sus padres y crear su propia vida, pueden pasar por alto las necesidades emocionales de sus padres. Muchas veces los mayores requieren el apoyo emocional y la cercanía de sus hijos. Sin embargo, a menudo los hijos no comprenden las necesidades emocionales de sus padres y eso hace que se alejan también emocionalmente.
Por otra parte, la indiferencia también puede ser un motivo por el cual se abandona a los padres. Algunos hijos no valoran el buen trabajo que sus padres hicieron para apoyarlos en su vida diaria, y así mismo pueden generar cierto resentimiento hacia ellos. Por ende, cuando los padres envejecen y empiezan a tener problemas de salud, los hijos pueden mostrar indiferencia y no tomar las medidas necesarias para apoyarlos y cuidarlos.
La personalidad también influye en cierta medida. Si bien no es una causa directa del abandono, los hijos pueden ser más o menos sensibles y empáticos, lo que puede inclinar la balanza hacia la responsabilidad de mantener un vínculo cercano con sus padres. Aun así, por lo general, esto se puede solucionar a través de la sensibilización y la comprensión emocional.
El estrés y la sobrecarga de trabajo también pueden llevar a los hijos a abandonar a sus padres. En algunos casos, los hijos pueden sentirse abrumados por su vida y no tener tiempo para dedicar a sus padres de la forma adecuada. En otros casos, quizás tengan sobrecarga de tareas y responsabilidades y eso provoque una especie de abandono.
La mayoría de los comportamientos de abandono son una combinación de uno o varios motivos antes mencionados. Pero lo que ocurre dentro de la mente de estas personas es más complejo y difícil de analizar. En todos los casos, aunque se presenten varias justificaciones, el abandono de los padres no está justificado y es una elección egoísta. A diferencia de los niños, los adultos tienen la opción de elegir y tomar sus propias decisiones sobre cómo quieren vivir sus vidas, pero también tienen responsabilidades. Entre estas responsabilidades se encuentra cuidar de las personas que les importan, especialmente de su propia familia, como son los padres.
El abandono puede tener consecuencias graves para los padres, incluyendo la depresión, la soledad y la sensación de no ser valorados. Incluso puede afectar su estado de ánimo y salud, lo que puede ser perjudicial para su calidad y esperanza de vida. A veces, algunos hijos no son conscientes de las consecuencias de sus acciones, hasta que algo ocurre, como la enfermedad o muerte de sus padres, por ejemplo.
Debemos tener en cuenta que no todos los hijos abandonan a sus padres en su vejez. Hay muchos que dedican tiempo, esfuerzo y amor a sus padres, especialmente en sus últimos años. Pero para aquellos que han elegido el camino del abandono, hay opciones. A menudo, con tan solo una llamada telefónica, una visita o un poco de tiempo dedicado, se puede cambiar el curso de las relaciones entre padres e hijos.
En conclusión, el abandono de los padres por parte de los hijos adultos puede deberse a una variedad de motivos, incluyendo la distancia geográfica, la falta de comprensión emocional, la indiferencia, la sobrecarga de trabajo o el estrés, entre otros. Si bien estos motivos pueden parecer justificados desde la perspectiva de los hijos, el abandono es una elección egoísta que no está justificada. Es importante reconocer que el abandono puede tener graves consecuencias para los padres, incluyendo la depresión, la soledad y la sensación de no ser valorados. Es fundamental que los hijos entiendan la importancia de cuidar de sus padres para que estos últimos se sientan acompañados en su proceso de envejecimiento. Así, con dedicación y amor, podremos construir relaciones positivas, duraderas y satisfactorias con nuestros padres.
En el corazón de la vida, un faro resplandece, guiando a los perdidos con su luz apacible, una madre valiente, con amor incondicional, bendición eterna, un susurro inolvidable.
No te olvides de ti, madre, reina de bondad, que has sembrado valores en nuestra tierra fértil, generosa y empática, en ti encontramos abrigo, servicial y noble, reflejo de lo más puro.
Tu corazón es un templo, un refugio sagrado donde la ternura florece y la esperanza resurge, el amor que ofreces, libre y genuino, enseña a volar, a abrazar lo eterno.
No te olvides de ti, madre, fuente de sabiduría, tu amor, como lluvia, que nutre la vida, procura amarte tanto como nos amas, valorarte, cuidarte, honrate a ti misma.
Eres ejemplo vivo, con tu legado de luz, donde empatía y generosidad son estrella y sol, no te olvides de ti, madre inmortal, en tus brazos encuentro mi paz, la verdad con amor y el amor de verdad, siempre.
Es un tema bastante interesante para entrar en debate….
En mi opinión sobre los festivales, no tengo un festival favorito. Para mí, los festivales a menudo están asociados con el gasto excesivo de dinero y el consumo descontrolado, lo cual puede generar un impacto negativo en nuestro planeta y en nuestros recursos. En lugar de celebrar eventos específicos, creo que deberíamos valorar y celebrar la vida cada día que despertamos. Esta celebración no cuesta nada, no contamina y nos permite apreciar la belleza de la vida, el alma y todo lo que nos rodea.
También me encanta los festivales que hacia mis abuelos todos los domingos cuando nos invitaba a toda la familia a ir a su casa a pasar el dia juntos. Eso si que eran festivales, y que bien lo pasábamos
Y cuanto tiempo bien invertido, cuántos hermosos recuerdos tengo de aquella época.